Thursday, December 13, 2007

Types of Phrasal Verbs

Phrasal verbs, also known as multi-word verbs, can be intransitive (not followed by a direct object; Type 1) or transitive (followed by a direct object; Types 2 and 3).

Examples of intransitive phrasal verbs (type 1):get up, sit down, go out, turn round, grow up
Examples of transitive phrasal verbs (type 3):
pick up, try on, fill in, pay back, throw away

When a phrasal verb has a direct object, the two parts of the verb can usually be separated (type 3); the adverb particle can be put before or after the object (⇔): Don’t throw away those letters! I want to keep them. OR Don’t throw those letters away.
When the object is a pronoun, the adverb particle can only go after the object: Don´t throw it/that away! NOT *Don’t throw away it/that!

However, some phrasal verbs are inseparable (⇒). They always have objects but can never be separated by them (type 2): I looked for my book but couldn’t find it. NOT *I looked my book for.
These verbs are sometimes separated by adverbs: I looked everywhere for my book.

Examples of inseparable phrasal verbs (type 2):
look after, break into, go on, get on/off

Some phrasal verbs have an extra preposition: get away with, look forward to, get on with
These phrasal verbs always have objects but most of them cannot be separated by them: We’re looking forward to our holiday. NOT *We’re looking our holiday forward to.

In the multi-word verb exercise in the exam, you will probably have to use all types of phrasal verbs. Look carefully at the instructions and don’t forget to use pronouns where necessary.
Multi-word verb exercise. Complete with the correct verb form from the list below and add the particle(s). Add object pronouns if necessary. Verbs can be used more than once or not at all.

LOOK FILL GET TURN PICK PAY PULL

1. They didn’t ____________________ the crime. The police caught them last week.
2. I’ve dropped all my photocopies. Could you help me to ___________________?
3. John’s lent me some money but I can’t __________________ until next month.
4. I can’t see very well. Can you __________________ the light, please?
5. Sue and Jack want to go out on Saturday but they don’t want to leave the children at home alone, so they’ve asked me to ____________________ .
6. If you would like to apply for the job, you need to ___________________ this form and send it to us as soon as possible.

Wednesday, December 12, 2007

Translating Cartoons_2


1. Translate the speech bubbles of the employer and the employee into Spanish.
2. Look up the word hectic in your dictionary.
3. Is this an American or a British cartoon? Why?
4. What does the phrasal verb calling in sick mean?

Wednesday, December 05, 2007

Bush Cartoons

Learn some new English expressions with President Bush:



Francia (con ojos españoles)


Un reportaje de JOSÉ LUIS BARBERÍA


Visto desde España, hay mucho de admirable, y hasta de conmovedor, en esa disposición natural para el debate ordenado e inteligente, en esa fe y pasión por la política que lleva a los ciudadanos a interrogarse sobre sí mismos y a cuestionar los designios de las grandes potencias y del capital internacional. Como apunta Michel del Castillo, Francia es el resultado del arte de la civilización, del gusto por la conversación y la politesse (urbanidad, cortesía); pero también, y sobre todo, es la consecuencia del hecho de creerse ciudadanos libres. "El francés es tan crítico que nunca está contento, pero está contento de ser francés", resume Raymond Domenech, el entrenador de la selección de fútbol. Incluso si se rasca en el corazón o en el cerebro del trotskista más antisistema, siempre termina por aparecer la bandera tricolor.

Los hijos de la mayor revolución que ha conocido la historia debaten si ha llegado el momento de aplicar una "terapia de choque" que sacuda a la nación del ensimismamiento, la rescate del supuesto marasmo económico y riegue con reformas las arterias de un sistema percibido como caduco. Curiosamente, el país de la palabra justa, precisa, donde toda exageración se condena por inútil, parece haberse entregado a una suerte de psicodrama nacional.

"Tenemos un problema de identidad", asegura Manuel Valls. "La gente se pregunta dónde está Francia, qué es hoy ser francés, cuál es nuestro peso en el mundo". Joseph Pérez cree que existe un paralelismo con la generación de escritores españoles de 1898. "La pérdida de sus respectivos imperios genera en ambos casos un sentimiento traumático de derrotismo", indica. "Como en España hace un siglo, también hoy oímos a diario en Francia que todo va mal, que no trabajamos lo suficiente, que nada de lo que se hace aquí funciona". Los profetas del desastre, se han hecho legión hasta convertir el pesimismo en un género.

Y sin embargo, Francia no ha perdido Cuba, Filipinas ni Puerto Rico, y tampoco está en bancarrota. Cierto, ya no es la potencia que fue hace medio siglo y continúa sin digerir la pérdida de Argelia (1962), pero todavía mantiene tropas en varios países africanos, donde resiste a la penetración estadounidense, sigue siendo uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y su monarca republicano tiene en sus manos el botón nuclear.

Por primera vez en la historia reciente, el Reino Unido acaba de sobrepasar a Francia en renta per cápita. Es un golpe muy duro ?hace cinco lustros, la renta británica era un 25% inferior a la francesa?, palabras mayores en una sociedad que asiste igualmente, entre perpleja y admirada, al dinamismo económico y a la energía vital de su vecino pobre del sur: España. "Lo de España les sorprende mucho. Tienen 1.500 empresas importantes en nuestro país, entre ellas Renault, Carrefour, Alcampo, Orange, Airbus?, así como una balanza comercial muy favorable, pero ven que cada vez hay más firmas españolas que compran o se instalan aquí. Se resisten con una mezcla de temor y admiración", indica el vicegobernador del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa, Apolonio Ruiz Ligero. No es sólo el desarrollo económico español, es que la idea de una España diferente, moderna, empieza a rasgar el tupido velo de los estereotipos ancestrales.

Conchita, la portera ha sido un arquetipo familiar de las representaciones teatrales durante esas décadas en las que lo español remitía invariablemente a la pobreza y a la dictadura, aunque también al genio, la diversión y la originalidad. Tiempos en los que muchos refugiados políticos españoles renegaban de la España liberticida que mantenía al dictador bajo palio.

Los padres socialistas del entrenador de la selección francesa de fútbol marcaron distancias con la España franquista, pero continuaron adheridos afectivamente a Cataluña y al Barça. Hoy, el entrenador de los bleus se declara admirador rendido del fútbol español. "Hacen un juego extraordinario, les admiro por su despliegue en el campo y su dominio del balón. Me encanta verles jugar", afirma, "porque técnicamente son un equipo superior".

¿Pero Francia está realmente tan en crisis como ella misma proclama? La quinta potencia económica mundial cuenta con un largo muestrario de grandes empresas multinacionales, locomotoras de la industria del país, de las que lo menos que se puede decir, a juzgar por sus cifras de negocio, es que la denostada globalización les ha sentado estupendamente.

Salvo en el campo energético, blindado para que el campeón nacional, EDF, no tenga competidores en casa, Francia tiene una economía abierta que hasta ahora le ha resultado sumamente provechosa. Dispone de una planta industrial potente y completa, tecnología punta, mano de obra cualificada y un elevado nivel de productividad que le han convertido en el primer destino de la inversión extranjera. A eso hay que añadir una marca-país envidiable que le acredita como la cuna de la sofisticación, la calidad y el lujo.

"Esta sociedad posee un alto potencial científico. Cuenta con muchos medios [destina a la investigación el 2,1% de su PIB, algo que nuestro país no alcanzará en muchos años] y tiene dos o tres veces más científicos por mil habitantes que España. Por eso recluta a muchos investigadores extranjeros como yo", indica Alfonso San Miguel, jefe del grupo especializado en Materiales bajo Condiciones Extremas de la Universidad de Lyón. Pese al retroceso de los últimos años, el PIB por habitante asciende a 28.000 € (21.000 € en el caso de España), y tanto la pensión como el salario mínimo (1.230 €) doblan a los establecidos en nuestro país. En la práctica, la jornada laboral de 35 horas semanales habilita dos meses de vacaciones anuales.

¿Crisis? Vista desde fuera, ésta es la crisis a la que se apuntaría, gustoso, el 90% del planeta. Y sin embargo, la crisis francesa es bien real, aunque sólo sea por el hecho mismo de que los ciudadanos la perciben como tal. Los últimos datos de la OCDE muestran que, con un PIB nacional de 2,2 billones de euros (3,1 de Alemania, 2,2 del Reino Unido, 1 de España), el enfermo de Europa tiene un 8,7% de paro (8,6% de media en la UE), un crecimiento del 2% (casi la mitad del español), el 3% de déficit público (contra el superávit español del 1,1%) y una deuda pública del 65% de su PIB (frente al 40% de España). "Son datos preocupantes, pero tampoco demasiado graves para un país con este patrimonio de conocimiento y riqueza", subraya el vicegobernador del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa. Además de suponer un aldabonazo en la decaída moral colectiva, la extraordinaria natalidad -800.000 nuevos ciudadanos- registrada el pasado año permitirá revisar a la baja esa deuda alícuota de 18.000 € que contrae cada bebé que llega al mundo en la República.

"Con las cifras en la mano, no se justifica ese miedo al futuro. Tienen un problema de mentalidad, porque éste es un país que funciona muy bien", concluye Bernardo Sánchez. El director general ejecutivo de Monoprix, la multinacional de la alimentación que da empleo a 18.000 trabajadores, dice no entender el sentimiento melancólico que ha penetrado en los tuétanos de la sociedad. "Todo el mundo se queja como si las cosas fueran de mal en peor. En realidad, no saben lo bueno que tienen".

El contrapunto mayor al derrotismo despechado de la Francia que pierde o que cree que pierde lo aporta, con permiso del rugby, la otra gran pasión deportiva, su exitosa selección de fútbol. Y sin embargo, tampoco ahí nuestros vecinos encuentran el consuelo unánime, porque no faltan los comentarios insidiosos que ironizan sobre la representatividad nacional del primer equipo aludiendo al color, mayoritariamente negro, de los hombres que portan la bleu (la camiseta azul). En el fondo de estos comentarios late la vieja idea de la nación inmutable y homogénea.

La República vive, últimamente, embarrancada en una contradicción flagrante de la que no sabe cómo librarse. Proclama por ley sus valores universales y niega (artículo 1 de su Constitución) toda distinción de origen, raza o religión, pero no logra evitar que el racismo y la xenofobia crezcan soterradamente en su seno. Condena el comunitarismo étnico anglosajón y resulta que en su Asamblea Nacional no hay más ciudadanos negros que los elegidos en la Francia de ultramar. La política y la economía parecen territorios vedados a los franceses de origen magrebí o subsahariano, bien presentes, por otro lado, en el rap, el deporte e incluso en la cultura: el poeta Aimé Césarie, reverenciado como un semidiós; el realizador Rachid Bouchareb; los escritores Leïla Sebbar, Patrick Chamoiseau, Eduard Clissant...

Los que más aparecen por televisión, y no debe de ser casual, son los humoristas Jamel y Gad Elmaleh, que hacen reír y reflexionar a la audiencia contando simplemente sus vivencias. Ellos contribuyen a desnudar a este país de las formalidades hipócritas, ponen en evidencia los clichés étnicos, reclaman con naturalidad el abrazo republicano sin negar, ni exagerar, las diferencias. "¿Crees que he venido a Francia para hacer un curso de desintoxicación de mí mismo, o qué?", exclama Gad Elmaleh en su espectáculo. En la cuna de los derechos humanos, el 61% de los ciudadanos negros declara haber sido víctima de algún caso de discriminación en el último año.

Celosa en la aplicación de la norma, Francia prohíbe que los medios de comunicación caractericen a los protagonistas de las noticias desgraciadas con el dato de su origen étnico o religioso, pero la ley no borra el hecho de que la tasa de paro sea dos veces mayor entre los jóvenes salidos de la inmigración. "Han crecido alimentados por el rencor, sin conocer el valor de la palabra, confundidos en su identidad. Es una generación perdida", dice la escritora Isabelle Alonso. No está claro que se consideren franceses, y tampoco que una parte de la sociedad los reconozca como tales.

Por sus orígenes, Jean-Luc Romero conoce bien esos barrios, antiguos feudos comunistas que han pasado a votar al Frente Nacional, erigido hoy en el primer partido obrero de Francia. "Si eres pobre tendrás que irte a vivir más lejos; a áreas en las que hay más inseguridad, menor calidad de vida, mayor fracaso escolar, menos futuro profesional". Es ahí, en esas barriadas de vivienda pública devastadas por el deterioro urbano y social, donde muchos de estos hijos de inmigrantes buscan en la religión de sus progenitores un refugio identitario, con lo que Francia, la República laica por excelencia, asiste hoy horrorizada a la aparición en su seno de comunitarismos étnicos y religiosos. Las prácticas y usos sociales que devuelven a la mujer a la condición de subordinada la sumen en la perplejidad, aunque no falten reacciones, como el movimiento Ni Putas, Ni Sumisas, que tratan de recuperar los territorios perdidos.

Pese a los admirables esfuerzos de tantos militantes de los derechos humanos, esta sociedad, conformada precisamente a lo largo de la historia por la asimilación de las corrientes migratorias, duda hoy de su capacidad para seguir integrando y, particularmente, para instruir a la religión musulmana en los valores republicanos. "Muchas chicas llevan el velo para que les dejen en paz en sus ambientes familiares y sociales; pero no se puede decir nada contra la cultura árabe porque, por lo visto, eso es incurrir en racismo", se lamenta Isabelle Alonso.

Tal y como hoy se manifiesta en no pocos de los 770 guetos urbanos, el islam, la segunda religión de Francia, con cinco millones de creyentes, interpela frontalmente a la República. ¿Puede el islam integrarse en una república laica? "Tenemos que crear un islam francés que le mantenga fuera de la influencia fundamentalista y sectaria", responde Manuel Valls. Eso, y reconstruir material y moralmente estos barrios, en los que, sin que nadie pase hambre ni falten prendas de marca, lo que sí hay es una aterradora falta de horizontes.

Ocurrió ante el periodista hace unas semanas. Un joven beur (francés de procedencia magrebí) subió al TGV con un cigarrillo encendido en la mano. El revisor acudió raudo a recordarle la prohibición, pero el joven se negó a bajar al andén y a apagar su cigarrillo. No tenía billete ni tampoco documentación. Cuando la discusión subió de tono y el revisor amenazó con traer a la policía, el joven le llamó racista. Había dado con esa palabra tabú que puede obrar efectos milagrosos. La situación se tornó conciliadora. Hablaron, negociaron. El revisor le permitió viajar hasta la siguiente estación. Mientras el funcionario se alejaba, el joven encendió otro cigarrillo y se tumbó ocupando dos asientos con sus pies sobresaliendo en el pasillo.

Entender este país exige conocer el significado del término república, que se contrapone tanto al capitalismo liberal como a las democracias parlamentarias no presidencialistas. La definición es del historiador Joseph Pérez: "La república no es un régimen que se defina por su oposición a la monarquía; es un concepto de Estado fuerte, centralista, capaz de garantizar por ley la igualdad efectiva de derechos de todos los ciudadanos", explica. "Y el jacobinismo", añade, "significa que lo que cuenta para ser francés no es el color de la piel ni los cromosomas, sino la cultura, la pertenencia a una civilización en la que la igualdad de derechos te transforma en ciudadano. A mí me parece una idea muy hermosa".

Distinguido con la Legión de Honor, la máxima condecoración francesa, el profesor Pérez ve en el actual proceso de descentralización administrativa no una mejora en la gestión y utilización de los recursos, sino una marcha atrás, la vuelta al regionalismo anterior a la Revolución. "Muchos políticos defienden la descentralización", dice, "porque sueñan con alcanzar el poder que, por ejemplo, tiene el presidente de la Generalitat de Cataluña".

Hijos de un republicanismo asentado en un modelo de protección social envidiado en el mundo, los franceses viven con particular dramatismo la persistencia de un paro estructural elevado, las deslocalizaciones industriales, el incremento de las desigualdades sociales, la formación de una bolsa de pobreza que alcanza a siete millones de personas, así como la guetización en los suburbios. Es una frustración que no puede entenderse en todo su calado si no se tienen en cuenta los treinta gloriosos, aquellos felices años cincuenta, sesenta y setenta: los tiempos en que los ciudadanos vivían confiados en su poderoso Estado. Desde entonces, Francia contempla con aversión la progresiva pérdida de peso de la política ante un capitalismo financiero que no conoce fronteras.

Puede decirse que la evolución -mejor, la deriva, por utilizar un término muy francés- del mundo le está jugando una mala pasada. Su Estado de bienestar hace aguas porque el país, o las arcas del Estado, no es ya capaz de generar el suficiente crecimiento económico o los recursos como para mantener el actual sistema. Si la izquierda sindical y política es tan conservadora es también porque sus bases sospechan que tienen que perder en la adaptación al capitalismo dominante. Liberalismo es una palabra maldita; de la misma manera que les droits acquis (los derechos adquiridos) son la consigna mágica de la trinchera, la bandera que sostiene la resistencia a facilitar "el enriquecimiento de los ricos a costa de los pobres", en un panorama internacional y, cada vez más, nacional que se percibe despiadado.

"No es sólo que el ascensor social se haya parado, es que ha entrado en escena el descensor en las clases medias. Conozco a bastante gente que hace 10 años vivía mejor", apunta Isabelle Alonso. "Mucha gente ya no se siente segura de cara al futuro", afirma. Blanca Li recuerda que durante los debates que precedieron al frustrado referéndum europeo, un joven intervino en la televisión para explicar, con desenvoltura, que iba a votar No porque el tratado de la UE no le garantizaba el cobro de su pensión. El joven en cuestión tenía 20 años.

"Puede que haya algo de niño mimado en esta sociedad que se queja por todo, a pesar de que tiene acceso a la educación, a la sanidad y una jornada laboral de 35 horas; pero también hay una realidad de pobreza y violencia", subraya Isabelle Alonso. "Vivimos entre mitos y contradicciones. Nuestros proclamados derechos humanos encuentran cada vez menos asiento en la sociedad. Así que la satisfacción de ser franceses convive con el malestar por serlo", indica la cronista de France 2.

Aunque no puede decirse que exista hoy un proyecto Francia exportable al mundo, nuestros vecinos no han renunciado a tratar de tú a tú a la potencia americana ni tampoco a seguir dictando lecciones. "Todos nos sentimos orgullosos de ser franceses el día que el ministro de Exteriores, Dominique de Villepin, denunció en la ONU la política de Bush en Irak", recuerdan, por separado, Joseph Pérez y Jean-Luc Romero. Desde luego, los franceses no fueron los únicos en celebrar ese gesto porque aquel día también otros muchos europeos se felicitaron de que se alzara una voz del continente desautorizando la aventura iraquí.

Según Michel Castillo, el gusto francés por explicar el mundo al mundo está tan arraigado que forma parte de la idiosincrasia nacional. El escritor guarda una anécdota de su encuentro con el filósofo Jean-Paul Sartre. "Cuando llegué a su casa, Simone de Beauvoir le colocó un relojito delante y le dijo que tenía una hora para hablar de España. Él no conocía España, pero se pasó la hora entera contándome a mí, un español, lo que era España. Esta costumbre de dar lecciones a todo el mundo, de meterse en cosas que ni siquiera entienden?". Al igual que Blanca Li, el escritor se declara perplejo ante la seguridad con que los candidatos electorales abordan estos días la política internacional. "Hablan como si fuera Francia la que va a decidir el futuro de Europa y del mundo. Debe de ser cosa de la grandeur. No en vano, nuestra clase política sigue recordando a la monarquía de Luis XIV", sostiene Michel Castillo.

"La idea general", ironiza Raymond Domenech, "es que nosotros lo hacemos bien y que los demás se equivocan. Son ellos los que tienen que cambiar porque nosotros constituimos el centro del mundo. De todas formas", añade, ya en serio, "creo que somos bastante lúcidos cuando denunciamos que la ausencia de barreras facilita la competencia desleal de países en los que los trabajadores ganan una miseria, trabajan 12 horas y no tienen derechos".

La cuestión europea es un fantasma que se pasea por la campaña electoral sin que nadie se dé por aludido. El rechazo ciudadano al tratado defendido por el establishment certificó el divorcio con las élites. "Nos hemos pasado 20 años echando la culpa de nuestros males a Europa, así que no cabe extrañarse de que la mayoría de la sociedad haya llegado a la conclusión de que Europa es un desastre para Francia. El referéndum ha sido la factura por haber despotricado irresponsablemente", explica Jean-Luc Romero. "La gente no cree ya en la clase política, y por eso se desautoriza cualquier iniciativa que provenga de las altas esferas", señala, a su vez, Isabelle Alonso. A su juicio, la situación actual es tan explosiva que puede dar paso a un segundo Mayo del 68. "El no de la izquierda", explica, "iba dirigido contra el liberalismo, no contra Europa, entre otras cosas porque aquí todo el mundo piensa que, si hay alguien europeo, ésa es Francia. Lo que pasa es que tenemos la sensación de que nuestros hijos vivirán peor; que cada vez hay más gente en la calle, más violencia, más desigualdad, y que los servicios públicos empeoran".

El vicegobernador del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa percibe en la sociedad francesa la tentación de pretender vivir al igual que en épocas pasadas, como si el mundo no hubiera cambiado de dirección y la República siguiera siendo determinante a la hora de fijar el rumbo internacional. Se diría que Francia ha vivido demasiado tiempo en la burbuja de sus debates domésticos, sin permitir que su proverbial curiosidad por lo que acontece en el exterior le hiciera extraer las conclusiones pertinentes. "El problema", dice Manuel Valls, "es que nadie le ha explicado a este país que el mundo ha cambiado. Vivimos aferrados a De Gaulle, como los argentinos a Perón". Pero hasta el glorioso discurso gaullista exhibido por los sucesivos presidentes ha empezado a tambalearse entre los jóvenes, ahora que saben que la resistencia contra el nazismo del gallo francés no fue tan consistente como se les dio a entender a las generaciones de la posguerra.

Francia se siente sola, y puede que ese sentimiento responda también al retroceso de su lengua y su cultura. "Antes, la cultura francesa se exportaba sola, y ahora tienen la impresión de haberse vuelto invisibles porque los que imponen las leyes en el arte han pasado a ser los grandes mercados anglosajones y asiáticos. En una gran feria internacional, lo normal es encontrar uno o dos artistas franceses y españoles, pero no más", destaca la directora del Museo del Jeu de Paume de París, Marta Gili. Para el país que ha dedicado un ministerio a la defensa de la francofonía, este aislamiento resulta algo trágico e injusto, sobre todo porque, como dan fe la propia Marta Gili, el investigador Alfonso San Miguel y la coreógrafa Blanca Li, Francia sigue acogiendo con los brazos abiertos a los talentos de la cultura, el arte y la ciencia.

"España es un desierto para la danza; estoy segura de que allí no habría podido estrenar ni la quinta parte de mis obras", afirma Blanca Li. "En España rechazaron mi solicitud de trabajo simplemente por haber hecho mi tesis en el extranjero", señala Alfonso San Miguel. "Al contrario que en España, donde la gestión y la dirección de los centros culturales está muy politizada, aquí han sido capaces de convocar un concurso internacional y darme el puesto, a pesar de ser extranjera", indica la directora del Jeu de Paume. País de literatos e inventores, cuajado de premios Nobel, Francia es un lujo para los creadores, la patria de los que se reconocen por su talento y su genio.

Claro que los ingentes recursos invertidos en la gran tarea de la formación y la creación no garantizan siempre los resultados esperados. La educación nacional absorbe el 7% del PIB, pero produce cada año un 12% de iletrados y arroja a la sociedad 161.000 jóvenes sin cualificación. Ni la izquierda, ni la derecha han sido capaces de articular un proyecto global modernizador de la economía. Por eso hay quien sostiene que la verdadera "excepción francesa" no son sus servicios públicos ni su política cultural proteccionista, sino el inmovilismo, precisamente.

¿Puede Francia cambiar? ¿Preservar lo importante no conlleva un ejercicio de flexibilidad y adaptación? "Este país es como un gran transatlántico que necesita tiempo y espacio para modificar su rumbo, pero que puede alcanzar una gran velocidad de crucero si se marca un objetivo. Necesita adaptarse a la globalización, sincerarse con sus cuentas, decirse lo que pueden pagar", indica Ruiz Ligero. El caso es que en el momento presente todos los políticos se declaran reformistas o antisistema. Conviene tener en cuenta que la suma de los extremos que forman las tres fuerzas trotskistas y el Frente Nacional supone el 30% del electorado.

Aunque una revolución a lo Thatcher reventaría las costuras de la República y provocaría un incendio social devastador -si existe una ciudadanía consciente de sus derechos, ésa sigue siendo la francesa-, parece claro que, con permiso del sindicalismo rocoso y del inmovilismo político, Francia se encamina hacia un mayor rigor. Según Isabelle Alonso, una madre con dos hijos que cobre la renta mínima de inserción (RMI) y perciba las correspondientes ayudas ingresa sólo 40 ó 50 euros mensuales menos que si estuviera trabajando. "Lo normal es que prefiera seguir en el paro y trabajar algo en negro", indica. "Tenemos 500.000 puestos de trabajo por cubrir y tres millones de desempleados, pero esos discursos que tachan de vagos a los parados son profundamente injustos y están elevando la crispación". La respuesta ideal para que las subvenciones y ayudas públicas recuperen la eficacia perdida la ha dado la propuesta de la candidata Royal de elevar el salario mínimo a 1.500 €. Claro que la pregunta sigue siendo si la economía francesa puede permitírselo.

Digerir definitivamente su pasado colonial, aceptarse como la potencia media privilegiada que es, despertar del sueño nostálgico que prolonga innecesariamente su larga decadencia y empezar a mirar de frente al futuro, sin traicionarse en sus mejores valores republicanos, parecen requisitos necesarios para la recuperación anímica de esta gran nación llamada a vertebrar y dotar de sentido a Europa.• El País Semanal, 06/05/07

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Monday, December 03, 2007

L3 The Present Perfect Continuous

The present perfect continuous tense is formed with the present tense of the verb to have + been + -ing form:

I/You/we/they have been waiting.
He/she/it has been waiting.


We use the present perfect continous tense to speak about situations which started in the past and are still continuing, or which have just finished and affect the present:

I've been living here for 12 years.
I feel tired because I've been working all day.


We can use both the present perfect simple and the present perfect continuous to speak about situations that started in the past and are still continuing and also about situations that have just finished and affect the present. The difference between the two tenses in both these situations is one of focus. If we say:

I've been writing letters all morning.

we are focusing on the action of writing itself, and thinking of it as an extended activity that may not have finished yet. If we say:

I've written six letters this morning.

we are focusing on the idea that the six letters have already been completed. Another difference is that we use the present perfect continuous to speak more about temporary situations and actions, and the present perfect simple to speak about more permanent situations and actions:

The television has been playing up lately. (Look up this new PV!)
That television has never worked, as far as I can remember.

Tuesday, November 27, 2007

La tele tóxica

MONTSERRAT DOMÍNGUEZ
Diario adn, 27 de noviembre de 2007

Es sencillo y barato: colocas a los niños frente al televisor y así les tienes boquiabiertos y alienados durante horas. Empiezas por reírte cuando recitan los anuncios de memoria y acabas adecuando el horario de comidas del fin de semana para que encaje entre Los Simpson y Pressing Catch. Antes de que te des cuenta, el gran acontecimiento familiar, el único momento de conexión entre padres e hijos, es disfrutar juntos de un programa.

Dice Sofres que los menores ven una media de 140 minutos de televisión diarios: dos horas y veinte minutos. ¿Y qué narices ven?, me pregunto, porque apenas hay contenidos adecuados para ellos, y estarán conmigo en que el llamado horario de protección especial es un hermoso eufemismo. Los únicos espacios realmente infantiles son los publicitarios: ellos sí que saben captar la atención de los peques, y más en vísperas de Reyes. Los niños españoles duermen poco y engordan mucho a causa de la tele, pero peor que el colesterol es la sucesión de imágenes banales o violentas que invaden su mente y matan su energía, su creatividad, su curiosidad innata y ese enorme talento que tienen para disfrutar de la vida real.


El Gobierno se reúne esta semana con los directivos de televisión para pedirles más autorregulación, tras la antesala de un crimen que se fraguó en un talk-show. Dudo de que sirva para mucho, pero lo que desde luego no espero ni de la vicepresidenta ni de las cadenas es que eduquen a mis hijos. Enseñarles a usar el mando, y sobre todo el botón de OFF, es cosa mía.♦

Saturday, November 17, 2007

Blade Runner's 25th Anniversary


Blade Runner is a 1982 cyberpunk, neo-noir film directed by Ridley Scott, from a screenplay written by Hampton Fancher and David Peoples, loosely based on the novel Do Androids Dream of Electric Sheep? by Philip K. Dick, starring Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, Daryl Hannah and Joanna Cassidy.

The film depicts a dystopian Los Angeles in November 2019 in which genetically manufactured beings called replicants, visually indistinguishable from adult humans, are used for dangerous and degrading work in Earth's "off-world colonies". After replicants became illegal on Earth, specialist police units — called "blade runners" — were trained to hunt down and "retire" (kill) escaped replicants on Earth. The plot focuses on a brutal and cunning group of replicants hiding in Los Angeles and a semi-retired blade runner, Rick Deckard (Harrison Ford), who reluctantly agrees to take on one more assignment.

This futuristic adventure initially polarized critics; some were displeased with the pacing, while others enjoyed its thematic complexity. The film performed poorly in North American theaters but achieved success overseas, mostly in Spain, where it was first released in August 1982. Despite poor early ticket sales, it has since become a cult classic. Blade Runner has been hailed for its production design, one said to depict a "retrofitted future". The film is credited with prefiguring important concerns of the 21st century, such as globalization and genetic engineering. It remains a leading example of the cyberpunk and neo-noir genres. Blade Runner brought author Philip K. Dick to the attention of Hollywood and a number of films have since been made from his writings. Ridley Scott regards Blade Runner as his "most complete and personal film". In 2007, the American Film Institute listed it as the 97th greatest movie of all time.

Warner Bros. announced in January 2006 the upcoming 25th anniversary release in 2007 of the long-awaited remastered definitive Final Cut by Scott, opening at the Avenida Cinema in Seville on November 16th. Showing only until Nov. 29th!

WOULD YOU LIKE TO JOIN US AT THE AVENIDA CINEMA TO SEE IT IN THE ORIGINAL VERSION WITH SPANISH SUBTITLES? We will be going on WEDNESDAY 28, at 8.10pm and we will meet at 7.45pm outside the cinema. €4,50

Thursday, November 08, 2007

A F R I C A


In Electricity-Starved Guinea, Children Study Under Airport Lights
Young Guineans study under the dim parking lot lights at G'bessi Airport in Conakry, Guinea Wednesday, June 6, 2007. Only about a fifth of Guinea's 10 million people have access to electricity and even those that do, experience frequent power cuts. With few families able to afford generators, students long ago discovered that the airport is one of the few places where the lights never go out. This photo by Rebecca Blackwell (Associated Press) speaks volumes.

Thursday, September 20, 2007

Paisajes del idioma


ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Babelia, 24/03/2007
En la esquina de mi calle, la 107 con Broadway, se reúne casi cada día, salvo en lo más duro del invierno, una tertulia de jubilados cubanos. Desaparecen durante las semanas de viento helado y de nieve, pero apenas dura un poco el sol y se entibia el aire allí están de nuevo, con gorros, orejeras y chaquetones en invierno, con guayaberas y calcetines blancos en verano: por el modo en que se sientan en una silla en el filo de la acera, por la gesticulación de sus manos, se sabe que no son de aquí al verlos de lejos: pero nada más acercarse uno ya le llega el sonido del habla cubana, y con él la madeja de las diatribas eternas sobre asuntos nimios, las rememoraciones de La Habana en los años cincuenta y de Fidel Castro, que no se muere nunca, chico, y también de esa casa de comidas cubana que cerró hace unos meses en el vecindario por culpa de la subida de los alquileres. Se llamaba La Rosita, y su dueño era un español que había emigrado a Cuba después de la guerra, y luego emigró aquí, como tantos. Un poco al sur está La Flor de Mayo, que ofrece comida china y criolla: los camareros veteranos son de Perú, los repartidores y los pinches son de México, igual que los encargados de cortar y vender las flores en los ultramarinos coreanos. En el supermercado de la esquina de enfrente, las locuaces cajeras, que se peinan todas con el pelo brillante muy tenso, a la manera de Jennifer Lopez, se mueven con perfecta desenvoltura entre el español de Santo Domingo y de Puerto Rico y el inglés expeditivo de Nueva York: a los clientes les hablan en inglés, pero entre ellas mantienen un cacareo sabroso en español sobre novios y citas, sobre regímenes para perder peso y novelas televisivas, mexicanas y colombianas, emitidas por los canales de Miami. Saltan elásticamente de un idioma a otro, pero a veces se les cruzan: "You guys take a look at the moreno chaparrito".
A una distancia hacia el norte de unas cuantas estaciones de metro me puedo sumergir en el populoso vecindario dominicano de Washington Heights: muy cerca, en la avenida de Amsterdam, hay una carnicería mexicana que se llama enternecedoramente Los Dos Cuñados, Meat Market, y si cruzo el parque me encontraré en el Spanish Harlem, el Barrio, donde el habla que se escucha es el de Puerto Rico, con su música caribeña y sus eles boricuas: Puelto Rico, Puelco, Niuyol.
En Miami, en una sola tarde, en compañía de un editor y librero colombiano que vino de Bogotá a los 14 años y ahora es perfectamente bilingüe, voy de radio Caracol, masivamente colombiana, a un programa de televisión dirigido por el cubano Ricardo Brown, y esa noche me encuentro en otro estudio con el peruano Jaime Bayly, que dice sus monólogos mirando a la cámara con una serenidad entre limeña y budista, con la sorna sutil que tanto facilita su acento. Miami, que hasta hace poco era una extensión de Cuba, ahora acoge a una multitud de recién llegados de toda América Latina, de modo que también se escuchan los acentos del Río de la Plata, de Venezuela, de Bolivia, de Chile. En Nueva York se puede escuchar incluso la más rara, la más antigua de las hablas españolas, el judeoespañol que algunos hijos y nietos -nietos sobre todo- de emigrantes llegados del antiguo imperio otomano quisieran nostálgicamente recobrar. Un conocido me da a leer el manuscrito de un libro en el que ha recogido los refranes que les oía a sus abuelos, y a los que nadie en la familia hacía ningún caso, porque les parecían residuos de una cultura desacreditada y anacrónica, el bagaje del antiguo mundo del que los hijos de los emigrantes se quieren desprender: "Al amigo que no es sierto, con un ojo cerrado y el otro avierto"; "eskupe en su cara, piensa que está lloviendo"; "para palabra y palabra su moko savrozo".
Y no olvido al portero de mi casa, David Jiménez, que vino de Guatemala hace veintitantos años, huyendo de la guerra civil, y ahora está tan orgulloso de la hija que se le fue "al College"; o del doctor Valentín Fuster, que habla español con una mezcla extraordinaria de acentos, catalán e inglés, inglés y catalán, o del doctor Miguel Trujillo, que mantiene intacta al cabo de más de treinta años el habla de Sevilla.
Paradójicamente, la mejor atalaya para entender la lengua española está ahora mismo en Estados Unidos, en ciudades como Nueva York, Miami o Los Ángeles, donde confluyen todos los ríos del idioma, todos los acentos, y donde el oído se afina para distinguir y apreciar sus músicas diversas al mismo tiempo que la inteligencia se asombra ante su espléndida unidad. Todas las variantes son inmediatamente inteligibles para cualquiera que hable la lengua: en vez de limitarla, la enriquecen, porque nos enseñan formas de nombrar las cosas que son distintas de las nuestras y sin embargo nunca nos niegan su significado, con sólo prestar un poco de atención. Muchos de nosotros leíamos de pequeños los tebeos de Supermán traducidos en México por la editorial Novaro, en los que los malos eran los pillos y los coches se llamaban carros y no tenían maletero sino cajuela. De adolescentes, al mismo tiempo que ingresábamos de lleno en la literatura de América Latina, leíamos las historietas de Mafalda, y su lenguaje porteño jamás fue una dificultad, sino un aliciente. Nuestros hijos se morían de risa con El Chavo del Ocho y El Chapulín Colorado, igual que nosotros nos habíamos reído con Cantinflas. Y quien se dejó embriagar por la fiesta verbal de Betty la Fea ahora tiene la ocasión de repetir el regocijo con otra telenovela de la que yo había oído hablar mucho en Bogotá, y que me traje completa de Miami: Sin tetas no hay paraíso.
No hago triunfalismo español, me apresuro a advertir, estando las cosas como están en mi país: tan sólo constato una realidad que le hace a uno respirar más hondo, darse cuenta de que le corresponde la ciudadanía de un mundo más ancho y más abierto que los mezquinos espacios nacionales, o comarcales, o locales. No hago triunfalismo, entre otras cosas, porque en ese mundo España no es la capital, sino una provincia, por detrás no sólo de México, sino también de Estados Unidos, donde ya hay unos 44 millones de hablantes que tienen el español como lengua materna. Tenemos la suerte de compartir ese espacio de palabras, pero eso no garantiza nada, desde luego: en el mundo hispánico hay una tendencia inmemorial al encierro en el interior de las propias fronteras, físicas y mentales, y la extensión y la universalidad de nuestro idioma se corresponden, llamativamente, con una acusada fragmentación cultural. Tendemos a vivir encerrados en las habitaciones más pequeñas y con menos ventilación de una casa muy grande. Incluso acertamos a encerrarnos en armarios o altillos de cada una de nuestras habitaciones respectivas. Los libros circulan poco entre unos países y otros, no sólo entre España y América, sino en el interior de la América misma. No hay más de unos cuantos nombres que tengan una presencia sostenida, ninguna revista que de verdad sea un punto de encuentro sin fronteras. Granta, la New York Review of Books, el Times Literary Supplement son referencias aceptadas en cualquier ámbito de la cultura en inglés. La Revista de Occidente y Sur, en otros tiempos, después Vuelta y ahora Letras Libres han perseguido con rigor y valentía ese propósito, pero quizás nos faltan fuerzas empresariales y amplitud de miras para cumplirlo, igual que nos falta un público amplio como para sostenerlo.
Personalmente, el descubrimiento de la universal práctica y tangible del español ha sido uno de los grandes regalos de mi vida, como aficionado a la literatura y como ciudadano. Creo que es un antídoto contra las sofocantes escaramuzas españolas, contra la patriotería verbal en la que quisieron maleducarnos de niños y contra las pasiones balcánicas de ahora. El español no está en peligro, entre otras cosas porque su porvenir no depende de los avatares mediocres de nuestra política, ni de las insensateces de nuestro sistema educativo. El español es la lengua de los colonizadores y también la de los que se rebelaron contra ellos, la de los primeros libros que se imprimieron en el continente americano y la de algunas de las novelas más hermosas que se están escribiendo ahora. Lo hablan los que emigraron por hambre y los que huyeron de la persecución política, los disidentes y los ortodoxos, y ahora mismo es la lengua del emigrante recién llegado que se pone a fregar platos y también la del licenciado en Físicas que viene a doctorarse a Estados Unidos, y la del banquero que ha de atender en español a algunos de sus clientes ricos, y la del médico de urgencias que ha de aprender la lengua para entenderse con el enfermo que acaban de llevarle. El español es un país que le permite circular a uno por una variedad ilimitada de paisajes sin que lo detengan en ninguna frontera, una identidad fluida y flexible que nos permite ser de muchos lugares y de uno solo.
Ahora que, entre los unos y los otros, parecen empeñados en dejarme sin país, con la energía y el fervor demente de Groucho Marx cuando desguazaba un tren lanzado a toda velocidad para alimentar la locomotora, tengo al menos la tranquilidad de que no voy a quedarme sin mi idioma.

Friday, September 14, 2007

Bicicentro en el campus


Obra del arquitecto Felipe Leal, el Bicicentro de la Ciudad Universitaria de México es un autoservicio gratuito de bicicletas para que alumnos y profesores circulen por el campus. Construido junto al Metro Ciudad Universitaria, el servicio presta hasta un total de 2000 bicicletas con sus correspondientes cascos para circular por los 5.200 metros de carriles bici en el interior del recinto universitario.
La Ciudad Universitaria de México fue declarada en 2007 por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Junto con la Ópera de Sidney, son las dos únicas obras modernas que engrosan las listas patrimoniales de la humanidad. Este complejo de edificios, levantado por casi sesenta arquitectos, está considerado como el máximo exponente del funcionalismo en Latinoamérica. Su excepcionalidad radica en haber hecho compatible la modernidad arquitectónica internacional con el pasado autóctono.

Wednesday, September 05, 2007

Is America On Course To Fall Like Rome?

By DAVID M. WALKER, comptroller general of the United States and head of the U.S. Government Accountability Office.

Throughout history, many great nations have failed to survive, notably the longest-standing republic and the major superpower of its day, the Roman Republic. Is America headed down that path today? Unless the U.S. government adopts a long-term perspective and strategy that fits the 21st century, we might well be.

At the start of the 21st century, our country faces a range of sustainability challenges: fiscal, health care, energy, education, the environment, Iraq, aging infrastructure, and immigration, to name a few. These challenges are complex and of critical importance.

Some younger people may have no firsthand memory of the Cold War or the Iron Curtain. Their world has been defined by more recent developments, such as the invention of the microcomputer, the spread of the AIDS virus, and the mapping of the human genome. The challenge before us is to maintain a government that is effective and relevant to future generations.

Unfortunately, our government’s track record in adapting to new conditions and meeting new challenges isn’t very good. Much of the federal government remains overly bureaucratic, myopic, narrowly focused and based on the past. There’s a tendency to cling to outmoded organizational structures and strategies. That needs to change because efficient and effective government matters.

Hurricanes Katrina and Rita brought that point home in a painful way. The damage these storms inflicted on the Gulf Coast put all levels of government to the test. While a few agencies, like the Coast Guard, did a great job, many agencies, particularly the Federal Emergency Management Agency, fell far short of expectations. Public confidence in the ability of government to meet basic needs was severely shaken — and understandably so. If our government can’t handle known threats like natural disasters, it’s only fair to wonder what other public services may be at risk.

Transforming government and aligning it with modern needs is even more urgent because of our nation’s large and growing fiscal imbalance. Simply stated, America is on a path toward an explosion of debt. And that indebtedness threatens our country’s, our children’s and our grandchildren’s futures. With the looming retirement of the baby boomers, spiraling health care costs, plummeting savings rates, and increasing reliance on foreign lenders, we face unprecedented fiscal risks.

Long-range simulations from my agency are chilling. If we continue as we have, policymakers will eventually have to raise taxes dramatically and/or slash government services the American people depend on and take for granted. Just pick a program — student loans, the interstate highway system, national parks, federal law enforcement or even our armed forces.

Our nation’s financial problems are undermining our flexibility to address a range of emerging challenges. For example, America’s population is aging. Tens of millions of baby boomers, and I’m one of them, are on the brink of retirement. Many of these retirees will live far longer than their parents and grandparents. The problem is that in the coming decades, there simply aren’t going to be enough full-time workers to promote strong economic growth or to sustain existing entitlement programs. Like most industrialized nations, the United States will have fewer full-time workers paying taxes and contributing to federal social insurance programs. At the same time, growing numbers of retirees will be claiming their Social Security, Medicare and Medicaid benefits.

Another ominous trend: American companies are cutting back the retirement benefits they’re offering to workers. This means all of us are going to have to plan better, save more, invest more wisely and resist the temptation to spend those funds before we retire.

Beyond fiscal imbalances, the United States confronts a range of other challenges. Globalization is at the top of that list. Markets, technologies and businesses in various countries and in various parts of the world are increasingly linked, and communication across continents and oceans is now instantaneous. This new reality was made clear by the recent drop in stock markets around the world.

Challenges also come from technology. In the past 100 years, but especially the last 25 years, spectacular advances in technology have transformed everything from how we do business to how we communicate, to how we treat and cure diseases. Our society has moved from the industrial age to the knowledge age, where specialized knowledge and skills are two keys to success. Unfortunately, the United States — which gave the world Benjamin Franklin, Thomas Edison and Bill Gates — now lags behind many other developed nations on high school math and science test scores.

In many respects, our quality of life has never been better. We’re living longer, we’re better educated, and we’re more likely to own our own homes. At the same time, Americans face a range of quality-of-life concerns. These include poor public schools, gridlocked city streets, inadequate health care coverage and the stresses of caring for aging parents and possibly our own children at the same time.

Our very prosperity is placing greater demands on our physical infrastructure. Billions of dollars will be needed to modernize everything from highways and airports to water and sewage systems. The recent bridge collapse in Minneapolis was a sobering wake-up call. The demands for such new investment will increasingly compete with other national priorities. (...)

There are striking similarities between America’s current situation and that of Ancient Rome. The Roman Republic fell for many reasons, but three are worth remembering: declining moral values and political civility at home; an overconfident and overextended military in foreign lands; and fiscal irresponsibility by the central government. Sound familiar? It's time to learn from history and take steps to ensure the American Republic is the first to stand the test of time.

© Global ECONOMIC Viewpont. Distributed by TRIBUNE MEDIA SERVICES, August 23, 2007

Monday, September 03, 2007

Smokefree England


On July 1st 2007, England introduced a new law to make virtually all enclosed public places and workplaces in England smokefree. A smokefree England ensures a healthier environment, so everyone can socialise, relax, travel, shop and work free from secondhand smoke. This website provides you with information about the legislation and lets you know how you can play an important part in maintaining a smokefree England.
Compare countries. Curious about what's happening in the rest of the world? Explore smokefree legislation in other countries by clicking on the flags.

Spin_short film

Private Eye_satirical magazine

Saturday, June 30, 2007

Recommended Summer Readings


Recommended Fiction:
The Happy Prince and The Selfish Giant are two of Oscar Wilde's most acclaimed tales. They make a good B2 upper-level summer reading. By clicking on the links above, you will have full access to a digital edition of theses magical tales.

Recommended Non-Fiction:
The United States of Europe : The Superpower No-One Talks About, by T.R. Reid
From one of America's best known foreign correspondents, an eye-opening account of the ascendancy of the European Union as a global superpower and rival to the United States. The European Union, from its beginnings as an experiment in statecraft, has rapidly emerged as a resounding success, yet Americans have so far managed to ignore the geopolitical revolution under way across the Atlantic. Reid shows how quietly - and not so quietly - Europe is developing itself into an economic, political and cultural powerhouse.
Synopsis:
How did Europe become a superpower while America wasn't paying attention? Here, American journalist T. R. Reid takes an enlightening tour of the United States of Europe' - the borderless collection of countries with more people and wealth than America. With his trademark wit and wisdom he explains the often-bewildering ins and outs of the European Union and the culture its nations have come to share - from the common pastime of America bashing and the kitsch joys of the Eurovision Song Contest to the skyrocketing success of the Euro, trouncing the once-mighty dollar in strength. And he tells many individual stories of this drama, including the astonishing takeover of all-American products by European companies, the English greengrocer who became a Metric Martyr' and of the new breed of twenty and thirty-somethings known as 'Generation E'. Essential for readers on both sides of the Atlantic, The United States of Europe is an insightful and entertaining guide to a New Europe th at now makes the world's rules, whether America likes it or not.

Thursday, June 14, 2007

Open Letter to Laura Bush


For reasons spelled out below, the poet Sharon Olds has declined to attend the National Book Festival in Washington, which, coincidentally or not, takes place September 24, the day of an antiwar mobilization in the capital. Olds, winner of a National Book Critics Circle Award and professor of creative writing at New York University, was invited along with a number of other writers by First Lady Laura Bush to read from their works.

SHARON OLDS

Laura Bush
First Lady
The White House

Dear Mrs. Bush,

I am writing to let you know why I am not able to accept your kind invitation to give a presentation at the National Book Festival on September 24, or to attend your dinner at the Library of Congress or the breakfast at the White House.

In one way, it's a very appealing invitation. The idea of speaking at a festival attended by 85,000 people is inspiring! The possibility of finding new readers is exciting for a poet in personal terms, and in terms of the desire that poetry serve its constituents--all of us who need the pleasure, and the inner and outer news, it delivers.

And the concept of a community of readers and writers has long been dear to my heart. As a professor of creative writing in the graduate school of a major university, I have had the chance to be a part of some magnificent outreach writing workshops in which our students have become teachers. Over the years, they have taught in a variety of settings: a women's prison, several New York City public high schools, an oncology ward for children. Our initial program, at a 900-bed state hospital for the severely physically challenged, has been running now for twenty years, creating along the way lasting friendships between young MFA candidates and their students--long-term residents at the hospital who, in their humor, courage and wisdom, become our teachers.

When you have witnessed someone nonspeaking and almost nonmoving spell out, with a toe, on a big plastic alphabet chart, letter by letter, his new poem, you have experienced, close up, the passion and essentialness of writing. When you have held up a small cardboard alphabet card for a writer who is completely nonspeaking and nonmoving (except for the eyes), and pointed first to the A, then the B, then C, then D, until you get to the first letter of the first word of the first line of the poem she has been composing in her head all week, and she lifts her eyes when that letter is touched to say yes, you feel with a fresh immediacy the human drive for creation, self-expression, accuracy, honesty and wit--and the importance of writing, which celebrates the value of each person's unique story and song.

So the prospect of a festival of books seemed wonderful to me. I thought of the opportunity to talk about how to start up an outreach program. I thought of the chance to sell some books, sign some books and meet some of the citizens of Washington, DC. I thought that I could try to find a way, even as your guest, with respect, to speak about my deep feeling that we should not have invaded Iraq, and to declare my belief that the wish to invade another culture and another country--with the resultant loss of life and limb for our brave soldiers, and for the noncombatants in their home terrain--did not come out of our democracy but was instead a decision made "at the top" and forced on the people by distorted language, and by untruths. I hoped to express the fear that we have begun to live in the shadows of tyranny and religious chauvinism--the opposites of the liberty, tolerance and diversity our nation aspires to.

I tried to see my way clear to attend the festival in order to bear witness--as an American who loves her country and its principles and its writing--against this undeclared and devastating war.

But I could not face the idea of breaking bread with you. I knew that if I sat down to eat with you, it would feel to me as if I were condoning what I see to be the wild, highhanded actions of the Bush Administration.

What kept coming to the fore of my mind was that I would be taking food from the hand of the First Lady who represents the Administration that unleashed this war and that wills its continuation, even to the extent of permitting "extraordinary rendition": flying people to other countries where they will be tortured for us.

So many Americans who had felt pride in our country now feel anguish and shame, for the current regime of blood, wounds and fire. I thought of the clean linens at your table, the shining knives and the flames of the candles, and I could not stomach it.

Sincerely,
SHARON OLDS

Monday, June 11, 2007

American Cartoonist Randy Glasbergen



Convivir en la ciudad


LUIS ROJAS MARCOS
Nueva York cumple 100 años. Aunque sus orígenes se remontan a 1626, fecha en la que los colonizadores holandeses compraron la isla de Manhattan a los indios nativos por 60 florines (unos 22 euros), fue realmente en 1897 cuando se soldaron los 40 municipios que hoy forman la Gran Manzana. Polifacética, tolerante, generosa y dispuesta a todos los excesos, Nueva York es un paradigma de contrastes. Este escenario gigantesco, donde convivimos apretados ocho millones de vecinos, nos expone constantemente a imágenes muy vívidas y discordantes de riqueza y miseria, de saber e ignorancia, de orden y caos. Representa el epicentro del materialismo duro, la meca del estrés y la competitividad, y el foco de los conflictos humanos más abrumadores. Pero al mismo tiempo es el frente de la innovación, el paraíso de las esperanzas sin límite, de las aspiraciones y de las oportunidades. Quizá más que ninguna otra cosa, Nueva York concentra y exagera las virtudes y desafíos de la convivencia en las urbes modernas.
La esencia de las ciudades se compone, por un lado, de la arquitectura, las piedras y el cemento que las configuran, y por otro, de las emociones, las ideas y los ritos de los hombres y mujeres que las habitan. Esta extraordinaria combinación constituye el instrumento por excelencia de renovación social y de progreso. Es verdad que, desde tiempos remotos, pensadores ilustres han pintado las capitales de su tiempo como centros fríos y deshumanizados de depravación y de peligro, mientras que glorifican la vida campestre como más grata, virtuosa y saludable. Si bien el ambiente tranquilo y bucólico de los pueblos pequeños posee un atractivo seductor que nos invita a su idealización, no somos pocos quienes con el tiempo hemos llegado a la conclusión de que es realmente en las ciudades donde se desatan las pasiones, se libera la imaginación y se forja el destino de la humanidad. Después de todo, ¿no es la historia de la civilización la historia de las ciudades?
Los seres humanos pensamos, sentimos y nos comportamos de forma diferente en el entorno urbano que en el campo. El ambiente denso, dinámico y variado de las ciudades extrae de nosotros en todo momento un nivel superior de entendimiento y de conciencia. Sus libertades, sus opciones y su ritmo acelerado agudizan la intuición y avivan los dilemas sobre nuestro papel en la sociedad, sobre nuestra realización y sobre el significado de la existencia. Las ciudades estimulan además fórmulas inéditas de convivir y de relacionarnos, premian la originalidad y fomentan soluciones novedosas para abordar los problemas más insolubles de la vida. Y al sentirnos mucho menos coaccionados por reglas inflexibles de conducta o presiones homogeneizantes, tan típicas en las zonas rurales, expresamos más libremente nuestras convicciones, nuestro inconformismo y nuestra creatividad.
Hace años se pensaba utópicamente que con la migración o el flujo constante de nuevos habitantes las grandes urbes se convertirían en una especie de crisol para fundir razas, etnias, culturas y lenguas distintas. Hoy sabemos que no es así. Las ciudades actuales reflejan, más que una población híbrida, vibrantes mosaicos de gentes diversas que mantienen su individualidad y preservan su identidad. Esta heterogeneidad demográfica, a su vez, suscita en los hombres y las mujeres una perspectiva más relativista y tolerante hacia las diferencias.
Las ciudades, en fin, son el símbolo de la convivencia humana, el medio portador del conocimiento y el caldo de cultivo de las ideas. Constituyen un punto obligado de referencia, un escaparate ideal que permite observar y experimentar genuinamente la evolución de la humanidad y la lucha de millones de héroes anónimos por una mejor calidad de vida. (El País Semanal, 1997) Foto: Arnold Pouteau

Monday, May 14, 2007

your feedback


As the course comes to an end, I welcome your feedback on this class blog. Please, feel free to leave your (anonymous) comments in Spanish or English. I also would like to know whether you would be interested in finding new readings or entries in this blog during the summer to keep your English in good form. Thanks. cmg

Monday, April 30, 2007

Paul Auster on storytelling


Discurso del escritor norteamericano Paul Auster al recibir el PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS 2006
(texto bilingüe):


I don't know why I do what I do. If I did know, I probably wouldn't feel the need to do it. All I can say, and I say it with utmost certainty, is that I have felt this need since my earliest adolescence. I'm talking about writing, in particular writing as a vehicle to tell stories, imaginary stories that have never taken place in what we call the real world. Surely it is an odd way to spend your life -sitting alone in a room with a pen in your hand, hour after hour, day after day, year after year, struggling to put words on pieces of paper in order to give birth to what does not exist -except in your own head. Why on earth would anyone want to do such a thing? The only answer I have ever been able to come with is: because you have to, because you have no choice.

This need to make, to create, to invent is no doubt a fundamental human impulse. But to what end? What purpose does art, in particular the art of fiction, serve in what we call the real world? None that I can think of -at least not in any practical sense. A book has never put food in the stomach of a hungry child. A book has never stopped a bullet from entering a murder victim's body. A book has never prevented a bomb from falling on innocent civilians in the midst of war. Some like to think that a keen appreciation of art can actually make us better people -more just, more moral, more sensitive, more understanding. Perhaps that is true -in certain rare, isolated cases. But let us nor forget that Hitler started out in life as an artist. Tyrants and dictators read novels. Killers in prison read novels. And who is to say they don't derive the same enjoyment from books as everyone else?

In other words, art is useless -at least when compared, say, to the work of a plumber, or a doctor, or a railroad engineer. But is uselessness a bad thing? Does a lack of practical purpose mean that books and paintings and string quartets are simply a waste of our time? Many people think so. But I would argue that it is the very uselessness of art that gives it its value -and that the making of art is what distinguishes us from all other creatures who inhabit this planet, that it is, essentially, what defines us as human beings. To do something for the pure pleasure and beauty of doing it. Think of the effort involved, the long hours of practice and discipline required to become an accomplished pianist or dancer. All the suffering and hard work, all the sacrifices in order to achieve something that is utterly and magnificently... useless.

Fiction, however, exists in a somewhat different realm from the other arts. Its medium is language, and language is something we share with others, that is common to us all. From the moment we learn to talk, we begin to develop a hunger for stories. Those of us who can remember our childhoods will recall how ardently we relished the moment of the Bedtime Story - when our mother or father would sit down beside us in the semi-dark and read from a book of fairy tales. Those of us who are parents will have no trouble conjuring up the rapt attention in the eyes of our children when we read to them. Why this intense desire to listen? Fairy tales are often cruel and violent, featuring beheadings, cannibalism, grotesque transformations, and evil enchantments. One would think this material would be too frightening for a young child - but what these stories allow the child to experience is precisely an encounter with his own fears and inner torments - in a perfectly safe and protected environment. Such is the magic of stories: the might drag us down to the depths of hell, but in the end they are harmless.

We grow older, but we do not change. We become more sophisticated, but at bottom we continue to resemble our young selves, eager to listen to the next story, and the next, and the next. For years, in every country of the Western world, article after article has been published bemoaning the fact that fewer and fewer people are reading books, that we have entered what some have called the "post-literate age". That may well be true, but at the same time this has not diminished the universal craving for stories. Novels are not the only source, after all. Films and television and even comic books are churning out vast quantities of fictional narratives, and the public continues to swallow them up with great passion. That is because human beings need stories. They need them almost as desperately as they need food, and however the stories might be presented -whether on a printed page or on a television screen -it would be impossible to imagine life without them.

Still, when it comes to the state of the novel, to the future of the novel, I feel rather optimistic. Numbers don't count where books are concerned -for there is only one reader, each and every time only one reader. That explains the particular power of the novel, and why in my opinion, it will never die as a form. Every novel is an equal collaboration between the writer and the reader, and it is the only place in the world where two strangers can meet on terms of absolute intimacy. I have spent my life in conversations with people I have never seen, with people I will never know, and I hope to continue until the day I stop breathing. It's the only job I've ever wanted. (20/10/2006)

No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.

Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cier
to; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra
de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.

La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empez
amos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos
que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.


De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a pa
rtes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento. Nunca he querido trabajar en otra cosa.


Paul Auster was born in New Jersey in 1947. After attending Columbia University, he lived in France for four years. Since 1947, he has published poems, essays, novels, screenplays and translations. He is the author of The New York Trilogy, Leviathan, Oracle Night, The Book of Illusions, and The Brooklyn Follies. Man in the Dark is his latest novel. He lives in Brooklyn, New York.

Friday, April 20, 2007

Bombing For Peace?


The US administration tries to call anyone who criticizes their policy in Iraq 'anti-troop,' but the interviews from the VideoVets Project show that 'supporting the troops' does NOT mean supporting an endless war. The voices of these veterans and military families are missing from the debate in Washington. Together we can make sure they become a vital part of the national dialogue around ending the war. Watch these videos and voice your opinion. Then, Academy Award winning director Oliver Stone will turn the most-voted one into a TV-ad, thus spreading this message even further.

Wednesday, April 18, 2007

National Stereotypes

DISCUSSING NATIONAL STEREOTYPES

A. Preparation.
1. People often say such things as “Italians are good lovers” or “Englishmen are cold-blooded”. What other generalizations of this nature can you think of?
2. Do these generalizations serve any useful purpose? If so, what?
3. What do foreigners say about your own national character?

B. Read the text. Learn the words in bold.

We are repeatedly warned of generalizations yet, paradoxically, it seems that the human mind cannot resist categorizing people and things. We love to pigeon-hole, to make order out of a universe that frequently seems to us confusing and even chaotic. Nowhere is this tendency more evident than in our willingness to generalize over nationalities. We create national stereotypes and cling tenaciously to our prejudices. To illustrate this point, we shall take a look at the findings of a survey carried out by the market research firm, Parkland Research Europe.
This organization carried out a detailed study of European attitude by questioning 185 business executives, lawyers, engineers, teachers and other professional people from seven European countries. These countries were: Germany; France; Britain; Switzerland; Italy; the Netherlands; Belgium. The resulting publication, Guide to National Practices in Western Europe, gave some idea of what some Europeans think of each other. It revealed many widely-held stereotypes, but also came up with a few surprises. In the chart below, some of the data from this survey is summarized.

C. Research Findings. Can you guess who they are?

Liked themselves best of all. Most Europeans agreed that the __________ had the highest proportion of good qualities. They considered themselves very tolerant, but nobody else did. They saw themselves as fashionable. Others found them square.

Not really admired by anyone except the Italians. Other Europeans found them conservative, withdrawn, chauvinistic, brilliant, superficial, hedonistic. Also, they are not supposed to be very friendly. The __________ agreed on the last point!

Mixed reactions. Some found them calm, reserved, open-minded, trustworthy; others deemed them hidebound, insular and superior. Everyone was unanimous that the __________ had an excellent sense of humour. They most admired the Dutch.

Showed considerable lucidity and powers of self-analysis. Saw themselves as serious, trustworthy, but too money-minded and suspicious. Most Europeans agreed. The __________ liked the Germans best.

Generally considered by everyone to be lazy and untrustworthy, and the __________ agreed! Most also found them to be vivacious, charming, hospitable and noisy. They admired the French and the Dutch. Hardly anyone loved them except the French.

Most admired people in Europe (except by their neighbours, the Belgians). Everyone agreed that the __________ are supposed to be hard-working, thrifty, good-natured, tolerant and business-minded. The __________, however, was not considered a good place to live in.

Least admired in the group. The __________ see themselves as easy-going and diligent workers. Other Europeans consider them undisciplined and narrow-minded (and lousy drivers!).

Monday, January 01, 2007

coffee_and_rice :)

A pun (pronounced /pan/) is a play on words. Here are some good examples which circulated on the net some time ago. This is humour on world leaders.

Conversation between George W. Bush and his Secretary of State, Condolezza Rice; read it for a laugh:

George: Condi! Nice to see you. What's happening?
Condi: Sir, I have the report here about the new leader of China.
George: Great. Lay it on me.
Condi: Hu is the new leader of China.
George: That's what I want to know.
Condi: That's what I'm telling you.
George: That's what I'm asking you. Who is the new leader of China?
Condi: Yes.
George: I mean the fellow's name.
Condi: Hu.
George: The guy in China.
Condi: Hu.
George: The new leader of China.
Condi: Hu.
George: The Chinaman!
Condi: Hu is leading China.
George: Now whaddya' asking me for?
Condi: I'm telling you Hu is leading China.
George: Well, I'm asking you. Who is leading China?
Condi: That's the man's name.
George: That's who's name?
Condi: Yes.
George: Will you or will you not tell me the name of the new leader of China?
Condi: Yes, sir.
George: Yassir? Yassir Arafat is in China? I thought he was in the Middle East.
Condi: That's correct.
George: Then who is in China?
Condi: Yes, sir.
George: Yassir is in China?
Condi: No, sir.
George: Then who is?
Condi: Yes, sir.
George: Yassir?
Condi: No, sir.
George: Look, Condi. I need to know the name of the new leader of China! Get me the Secretary General of the U.N. on the phone!
Condi: Kofi?
George: No, thanks.
Condi: You want Kofi?
George: No!
Condi: You don't want Kofi.
George: No! But now that you mention it, I could use a glass of milk. And then get me the U.N.
Condi: Yes, sir.
George: Not Yassir! The guy at the U.N.
Condi: Kofi?
George: Milk! Will you please make the call?
Condi: And call who?
George: Who is the guy at the U.N?
Condi: Hu is the guy in China.
George: Will you stay out of China?!
Condi: Yes, sir!
George: And stay out of the Middle East! Just get me the guy at the U.N.
Condi: Kofi.
George: All right! With cream and two sugars. Now get on the phone.
(Condi picks up the phone.)
Condi: Rice, here.
George: Rice? Good idea. And a couple of egg rolls, too. Maybe we should send some to the guy in China. And the Middle East. Can you get Chinese food in the Middle East?