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Sunday, January 22, 2017

A Man-baby in the White House

By JOHN CARLIN


When your average Spaniard suffers one of their usual attacks of indignation the first phrase that tends to come out of their mouth is: “¡No es normal!” (“This is not normal!”), followed with repetitive emphasis by a: “¡Esto no es normal, joder!” (“This is not bloody normal!”). The expression, odd given that it is based on a notion of unanimity around what constitutes normality, is not heard so much in other Spanish-speaking countries, nor, as far as I know, in other languages.


But perhaps the time has come for it to be incorporated into English, especially in the United States. The rise of Donald Trump to the White House is the least normal thing that has happened in the history of that country. Perhaps it is the least normal thing that has happened in a democracy, or in a supposedly mature democracy, in the history of humanity.
Caligula attained the summit power in Ancient Rome, sure enough; as did Idi Amin in Uganda, General Galtieri in Argentina, or Stroessner in Paraguay. The difference is that Trump was elected commander-in-chief by the free will of the people.
Perhaps this is the least normal thing that has happened in a democracy in the history of humanity
What is abnormal here is not so much the opinions or policies that Trump proposes. The most abnormal thing about his arrival at the White House is not his admiration for Vladimir “The Russians have the best prostitutes in the world” Putin, or his contempt for NATO or the European Union, or his hostility toward China, or that he will be surrounding himself in the Oval Office with advisors who have emerged from the rankest depths of the American right, or his stated wish to build a wall along the border with Mexico, or to rip up the nuclear deal with Iran, or to destroy the public healthcare system in his country.
The most abnormal thing is his character; that the richest, most powerful and most influential nation on the planet is going to have as its president a “man baby,” as he was defined with terrifying lucidity by the US political humorist Jon Stewart. Trump is a 70-year-old man with the emotional development of, well, perhaps not a newborn baby, but certainly a spoiled elementary school brat.
For many years I have followed presidential politics in the United States with interest. I recall my disappointment when Richard Nixon came to power; my sense of the absurd when he was replaced by Gerald Ford, a man who, they used to say, “can’t walk and chew gum at the same time”; my anger when the mediocre actor Ronald Reagan won two elections; my disappointment when George Bush Senior took over from him, and my horror when Bush Junior was reelected in 2004, after the invasion of Iraq.
Trump is a crybaby with an ego that is at once huge and fragile, like a giant porcelain egg
But the election of Donald Trump is of a different order of things. Ford, Reagan and the Bushes – and even Nixon, until his downfall – were characters who, at least in public, behaved with the seriousness and dignity that the presidential office demands. I disagreed with them on nearly everything, and I would get in a bad mood when I saw them on television, but I didn’t feel that they were fundamentally frivolous or immature people; I wasn’t frightened by the knowledge that they had their fingers on the nuclear button.
Now, as the most conservative columnist at The New York Times, David Brooks, wrote this week, Americans “have crowned a fool king.” I would go further than that. Trump is a sick man. Looking at his messages on Twitter and hearing the statements he has made not just in the cynical frenzy of the campaign trail, but also since he defeated Hillary Clinton in November, the only possible conclusion is that he presents a classic case of narcissistic personality disorder.
He is a crybaby with an ego that is at once huge and fragile, like a giant porcelain egg. The adult virtue of empathy is unknown to him. As his chronic twiterrhea suggests, he has a need – one that is as desperate as it is infantile – to always be the center of attention. The criteria of Trump, the troll-in-chief, to judge people boils down to whether they speak well or badly of him; thus, Meryl Streep is an “overrated actress,” Hillary Clinton deserves to go to jail and Putin is a great leader, a far better one than Barack Obama.
The Trump presidency will be Donald in Wonderland. Like Lewis Carroll’s Alice, we have gone through the looking glass and entered a twilight dimension. But Trump will not be playing the role of the sensible Alice so much as that of the Mad Hatter. It’s still hard to believe, but in just a few hours, Donald Trump will be the president of the United States in the real, normal world. El Pais in English, 20.01.17
"THANK YOU, DEAR VOTERS. YOU WILL NEVER FORGET ABOUT ME"

Thursday, December 22, 2016

Translating El Roto

WE HAVE ELECTED A WOLF TO WATCH OVER US
THEY ARE ALL LIES, BUT THEY ARE FREE!

UPPER CLASS FOOTBALL IS A FINANCIAL INSTRUMENT


WE ARE TAKING URGENT MEASURES AGAINST POLLUTION: DO NOT BREATHE!

Sunday, December 01, 2013

El Roto según Muñoz Molina

El Roto es un poeta satírico que hace un epigrama diario, un poeta ensimismado y observador del mundo que dibuja cada día un haiku visual, un panfletario que madruga para que cada mañana aparezca pegada por las paredes del periódico la tinta fresca de un pasquín incendiario, un francotirador que cada día dispara un solo tiro que da siempre en la diana. El Roto trabaja sometido a los imperativos, las limitaciones y los plazos de la publicación en el periódico, con una disciplina de artesano que excluye por necesidad las celebradas veleidades del artista. Ha de ajustarse a un cierto formato, a un uso mínimo o nulo del color, a una austeridad de dibujo que permita la reproducción fácil en el papel y en la tinta del periódico.
 

Y además ha de permanecer atento a lo que sucede cada día, porque, aparte de poemas, de sátiras, de haikus, de panfletos, sus viñetas son crónicas y comentarios del presente, y él tiene el talento de acertar en el pulso de lo inmediato y al mismo tiempo darle la intemporalidad de lo que seguirá siendo relevante cuando pasen los años. Cada dibujo de Andrés Rábago, El Roto, está hecho con tal precisión de trazo, y cada texto es tan sintético, tan lleno de rabia, de sarcasmo, de agudeza poética y política, que parecen la destilación última de un largo proceso de concentración.


No falla nunca, y nunca deja de ser admirable. Cada día hay una nueva descarga eléctrica, un fogonazo igual de vívido de claridad, un golpe de risa que revela lo grotesco o lo ridículo o lo inmundo debajo de las proclamas solemnes o de las sinrazones o las estupideces que por repetirse tanto ya nos parecen normales. El Roto, literalmente, no deja títere con cabeza, y además nos hace ver hasta qué punto son títeres los figurones y los figurantes de la actualidad diaria. (Babelia, 30/11/13)




Sitio de El Roto en la web: http://www.elroto-rabago.com/

Sunday, January 22, 2012

Sobre corruptores y corruptos

Corruptores y corruptos

RAFAEL ARGULLOL

El País, 22/01/2012

No hago mucho caso de las cartas que circulan por Internet, pero estos días una de ellas llama la atención. Su encabezamiento es "Ley de Reforma del Congreso", y el remitente, como sucede a menudo, pide el reenvío del texto a conocidos que pudieran estar de acuerdo con el contenido. En sustancia se trata de proponer un cambio constitucional que delimite estrictamente el estatuto del diputado, modificando múltiples aspectos de la condición actual. El propulsor o propulsores de esta idea quieren que el "representante del pueblo" deje de tener unos privilegios y excepciones que -se considera implícitamente- han tenido consecuencias nefastas para la democracia. En lo fundamental se defienden medidas que limitarían draconianamente los juegos de intereses económicos en los que pueden verse inmersos los representantes de la ciudadanía. Se exige una radical transparencia. También el fin de la impunidad de los diputados, los cuales, durante su mandato, deberían responder ante los tribunales, como cualquier otro ciudadano, de aquellos delitos cometidos durante el ejercicio de su cargo. Se recuerda, por último, que el servicio democrático a la ciudadanía no es una profesión, de la cual deba sacarse rendimiento, sino una función honorable que debe ser ejercida con dignidad y siempre provisionalmente, es decir, con una fecha de caducidad que dé paso a nuevos representantes...

Para leer el resto del artículo, pinche en este enlace.

Friday, June 10, 2011

M15M: Llevan razón

Llevan razón

CONCHA CABALLERO

El País Andalucía, 21/05/2011

El mundo ha sido ocupado por los antisistema y nadie ha dicho nada. Han asaltado el corazón de los Estados; han privatizado bienes y servicios públicos; han zarandeado Gobiernos hasta doblegarlos; han comprado voluntades; han alquilado expertos en la defensa de sus posiciones reclutados en los templos de la sabiduría de cada país. Han proclamado la supremacía de las operaciones financieras sobre los derechos humanos. Han arrebatado a la democracia su poder de decisión sobre los poderosos y han obligado a todos los ciudadanos a pagar su crisis con el dinero de sus salarios y con el futuro de su juventud. Han reducido la política a un juego de poder sin sustancia. Han sembrado la desconfianza y la confrontación entre los pueblos y nos han arrebatado toda esperanza. Son los ocupas de la City, de Wall Street, de Pudong, de La Defense o del barrio financiero de Madrid.

Recorremos el camino hacia lo que los sociólogos conocen como "la espiral letal de la plutocracia" y cuya regla es muy simple: cuanto mayor es la concentración de riqueza, mayores son las capacidades de este segmento adinerado y privilegiado para cambiar las reglas del juego a su favor. Por eso, tal como advirtió Louis Brandeis, juez de la Corte Suprema: "Podemos tener democracia o riqueza concentrada, pero no podemos tener ambas".

Contra esta ruleta de la fortuna, de los privilegios, del secuestro de la política, han salido los jóvenes a la calle y han levantado un campamento de esperanza en nuestras calles. Hay quienes los miran con hostilidad. Son los que habían emprendido una campaña de desprestigio contra ellos, los que hace unos días le reprochaban su silencio, su apatía y su conformismo por no tomar parte en la revuelta conservadora de nuestro país. Ahora les llaman okupas, desharrapados y extremistas. Hay quienes les miran con miedo porque usan un lenguaje que no entienden, unas claves que desconocen. Otros, aun compartiendo sus argumentos, les miran con recelo porque creen que eso supone el suicidio de la izquierda o con paternalismo porque lo consideran electoralmente beneficioso. Son viejos tics de una vieja izquierda que no ha comprendido todavía que su único futuro consiste en su radical transformación.

Simplemente, nos habíamos acostumbrado a no escucharlos. Nos habíamos adaptado a escribir sus vidas con minúsculas y sus dramas con diminutivos. Habíamos convertido sus problemas en microhistorias personales, su desilusión en una parte de la intrahistoria familiar.

Les escuchábamos hablar de sus salarios de 400 euros; de empleos tan inestables que no les daba tiempo ni de conocer a los compañeros; de sus estudios y títulos convertidos en papel mojado. Les habíamos visto despedirse en los aeropuertos, con el alma encogida, convencidos de que aquí no hay esperanza ni futuro. Y, a pesar de eso, pensábamos que eran una nota a pie de página de la historia.

Les habíamos señalado con el dedo, convertidos en ni-nis para ocultar nuestro fracaso y ellos mismos acunaban el fantasma de la desilusión en la habitación prestada de sus padres. Ahora han decidido que su pequeña historia se escribe con mayúsculas, que sus problemas no son individuales y que no se resignan a la espiral infernal que reduce la democracia.

Han salido a la calle, acompañados de rejóvenes entusiasmados; se han sacudido a manotazos la culpabilidad o el miedo, y más que indignación producen una emoción parecida a la esperanza, a día por estrenar, a nuevos conocimientos que podemos aprender, a viejos vicios que podemos desterrar. A pesar de las fechas electorales, a pesar de las contradicciones y de los balbuceos, a pesar de los interrogantes que nos acechen.

En Madrid, en Granada, Barcelona o Sevilla, veo a los jóvenes empuñar una escoba para mantener limpia la acampada y huir de la imagen de botellona con que pretenden desprestigiarles. Miran la luna llena a través de los espacios rotos de una lona que apenas les cubre de la lluvia. Tienen una enorme tarea que hacer: barrer las mentiras repetidas, las ilusiones perdidas y los crímenes diminutos que amenazan nuestra democracia.