Sunday, January 22, 2017

A Man-baby in the White House

By JOHN CARLIN


When your average Spaniard suffers one of their usual attacks of indignation the first phrase that tends to come out of their mouth is: “¡No es normal!” (“This is not normal!”), followed with repetitive emphasis by a: “¡Esto no es normal, joder!” (“This is not bloody normal!”). The expression, odd given that it is based on a notion of unanimity around what constitutes normality, is not heard so much in other Spanish-speaking countries, nor, as far as I know, in other languages.


But perhaps the time has come for it to be incorporated into English, especially in the United States. The rise of Donald Trump to the White House is the least normal thing that has happened in the history of that country. Perhaps it is the least normal thing that has happened in a democracy, or in a supposedly mature democracy, in the history of humanity.
Caligula attained the summit power in Ancient Rome, sure enough; as did Idi Amin in Uganda, General Galtieri in Argentina, or Stroessner in Paraguay. The difference is that Trump was elected commander-in-chief by the free will of the people.
Perhaps this is the least normal thing that has happened in a democracy in the history of humanity
What is abnormal here is not so much the opinions or policies that Trump proposes. The most abnormal thing about his arrival at the White House is not his admiration for Vladimir “The Russians have the best prostitutes in the world” Putin, or his contempt for NATO or the European Union, or his hostility toward China, or that he will be surrounding himself in the Oval Office with advisors who have emerged from the rankest depths of the American right, or his stated wish to build a wall along the border with Mexico, or to rip up the nuclear deal with Iran, or to destroy the public healthcare system in his country.
The most abnormal thing is his character; that the richest, most powerful and most influential nation on the planet is going to have as its president a “man baby,” as he was defined with terrifying lucidity by the US political humorist Jon Stewart. Trump is a 70-year-old man with the emotional development of, well, perhaps not a newborn baby, but certainly a spoiled elementary school brat.
For many years I have followed presidential politics in the United States with interest. I recall my disappointment when Richard Nixon came to power; my sense of the absurd when he was replaced by Gerald Ford, a man who, they used to say, “can’t walk and chew gum at the same time”; my anger when the mediocre actor Ronald Reagan won two elections; my disappointment when George Bush Senior took over from him, and my horror when Bush Junior was reelected in 2004, after the invasion of Iraq.
Trump is a crybaby with an ego that is at once huge and fragile, like a giant porcelain egg
But the election of Donald Trump is of a different order of things. Ford, Reagan and the Bushes – and even Nixon, until his downfall – were characters who, at least in public, behaved with the seriousness and dignity that the presidential office demands. I disagreed with them on nearly everything, and I would get in a bad mood when I saw them on television, but I didn’t feel that they were fundamentally frivolous or immature people; I wasn’t frightened by the knowledge that they had their fingers on the nuclear button.
Now, as the most conservative columnist at The New York Times, David Brooks, wrote this week, Americans “have crowned a fool king.” I would go further than that. Trump is a sick man. Looking at his messages on Twitter and hearing the statements he has made not just in the cynical frenzy of the campaign trail, but also since he defeated Hillary Clinton in November, the only possible conclusion is that he presents a classic case of narcissistic personality disorder.
He is a crybaby with an ego that is at once huge and fragile, like a giant porcelain egg. The adult virtue of empathy is unknown to him. As his chronic twiterrhea suggests, he has a need – one that is as desperate as it is infantile – to always be the center of attention. The criteria of Trump, the troll-in-chief, to judge people boils down to whether they speak well or badly of him; thus, Meryl Streep is an “overrated actress,” Hillary Clinton deserves to go to jail and Putin is a great leader, a far better one than Barack Obama.
The Trump presidency will be Donald in Wonderland. Like Lewis Carroll’s Alice, we have gone through the looking glass and entered a twilight dimension. But Trump will not be playing the role of the sensible Alice so much as that of the Mad Hatter. It’s still hard to believe, but in just a few hours, Donald Trump will be the president of the United States in the real, normal world. El Pais in English, 20.01.17
"THANK YOU, DEAR VOTERS. YOU WILL NEVER FORGET ABOUT ME"

Tuesday, January 03, 2017

Vídeocarta de un profesor a sus alumnos suspendidos

Pablo Poó Gallardo. Así se llama el profesor sevillano de Secundaria que ha dado una lección de vida a sus alumnos suspendidos vía Youtube. En menos de cinco minutos de grabación, Poó explica a sus estudiantes más rezagados el porqué es tan importante estudiar.
“No sabéis nada de la vida. La vida es una putada. La vida no te espera, no te comprende, no te hace recuperaciones. Vosotros ahora vivís muy bien. Vuestra única obligación es estudiar, y no la cumplís mucho”, explica el profesor.

Poó pone el acento en le hecho de que la vida que viven ahora mismo sus alumnos, en nada se parece a lo que se van a encontrar en un futuro. “Llegáis a casa y os pagan vuestra comida, vuestros padres os pagan la ropa y vuestros móviles, a los que rompéis la pantalla cada dos por tres. Os pagan hasta vuestros botellones, puta madre todo. Pero es que la vida no es esta burbuja en la que vosotros vivís durante los cuatro años de la ESO”.
Y pone el acento en que no es una cuestión de capacidades. “No es que no podáis, es que no queréis. Tenéis capacidad de sobras, lo sabéis, os lo digo todos los días. Vuestro problema no es de capacidad, sino de esfuerzo. Sois unos vagos, lo decimos en clase y hasta os reís, porque lo reconocéis. Pero cuando salgáis de aquí, la vida os va a poner en vuestro sitio a bofetadas. Y eso es lo que realmente os quiero ahorrar”.
La vida os va a poner en vuestro sitio a bofetadas. Y eso es lo que realmente os quiero ahorrar

Con su discurso, este profesor sevillano intenta abrirles lo ojos a sus alumnos. “Imagina cuando salgas de aquí. ¿Tú crees que si no tienes la nota media suficiente vas a entrar en el ciclo ese que quieres entrar? No vas a entrar, no le vas a dar pena absolutamente a nadie. Entonces qué, otra vez a casa a lamentarte, a comerte con patatas el título de la ESO
Su obsesión es que estén preparados para los que se les avecina. ’’Pero maestro, yo para qué quiero saber el romanticismo, a mí eso me da igual’. No tenéis referentes culturales, no entendéis los textos que leemos (…). Cuando vayas a firmar un contrato, a lo mejor estás poniendo tu firma sobre un sueldo de mierda, o sobre una jornada laboral que es eterna, y ni te has dado cuenta, y se aprovecharán de vosotros”, advierte.
Como tú no tienes idea de nada, no sabrás que otros han conseguido ya lo que tú pensabas que era imposible

Y prosigue: “No tenéis herramientas, no tenéis sentido crítico… ¿Tú no sabes que hace 200 años unos románticos intentaron romper con todo y mandar el sistema a tomar por saco? ¿Qué pasa? ¿Te vas a creer que hay cosas imposibles? ¿Que nunca se podrá ir en contra de lo establecido? Como tú no tienes idea de nada, no sabrás que otros han conseguido ya lo que tú pensabas que era imposible. Parece mentira, pero en las mentes abiertas es más difícil entrar. Una mente cerrada se conquista con mucha facilidad, sólo tiene una puerta”.
El conocimiento os hará libres. La libertad es fundamental en el día de hoy. Para que no escuchéis la tele y os creáis todos lo que os dicen desde un atril, desde un mitin, para que después vayas al bar y repitas lo que ellos quieren que repitas. Y bueno, con el paro y las chapucillas que vayas haciendo irás tirando. Pero es que hay una vida maravillosa mucho más allá de lo que vosotros os pensáis. Y sólo se va a ganar con esfuerzo. Y lo tenéis que empezar a demostrar desde ahora”, esgrime Poó.
Una mente cerrada se conquista con mucha facilidad, sólo tiene una puerta

Por todo ello, este maestro pide a sus alumnos que a partir de enero se dejen de “tonterías”. “Vamos a poner ganas porque algunos, los que quieren que seáis felices desde los doce hasta los 16 años les importáis sólo hasta que termináis la ESO. Y yo he firmado con vosotros un contrato de por vida”, concluye.
La Vanguardia, 29 de diciembre de 2016

Pablo Poó Gallardo es autor del libro La mala educación.

Tuesday, December 27, 2016

Ficciones de televisión recomendadas para hacer oído y aprender inglés

Entender una película o una serie en versión original puede a veces ser un tormento. Pero no hay que desesperar. Un comunicador, un escritor, una cantante, un profesor, un catedrático y este bloguero recomiendan emisiones para iniciarse o perfeccionar el inglés.

Jorge Carrión, autor de Teleshakespeare. "Yo recomendaría la última temporada de Homeland , porque, al pasar en Berlín, con personajes norteamericanos y alemanes, puede verse la diferencia entre acentos autóctonos y extranjeros. Es importante educar el oído en esos contrastes. En series como Mad Men o Suits , por ejemplo, los personajes británicos subrayan una distancia fonética que también existe entre los personajes norteamericanos que provienen de estados o clases sociales distintas. En El ala oeste de la Casa Blanca hablan muy rápido. Es solo para quienes tengan voluntad de perfeccionamiento".

Michael Robinson, exfutbolista y comunicador. "Para empezar, opto por algo muy básico como Barrio Sésamo. Hay otra muy buena llamada Luther, que trata sobre un policía que a veces recurre a técnicas no muy honradas para conseguir buenos fines y que también aconsejo ver. Aunque, sin ninguna duda, lo ideal sería aprender con los informativos de la BBC, que ofrecen el inglés más correcto y la mejor pronunciación posibles. Para los que presumen de saber inglés y querer perfeccionarlo, les pediría que vieran la serie de la BBC Only Fools and Horses que trata de dos hermanos que trabajan en un mercadillo de Londres. Usan todo el tiempo el dialecto cockney. Consiste en reemplazar una palabra que se usa normalmente por otra que forma parte de una frase hecha con la que rima. Algo muy complicado. Si son capaces de entenderlo, dominarán el inglés." 
Nick Flynn, responsable del área de idiomas de la carrera de Derecho de Esade. "Lo mejor son series cortas como Modern Family y Como conocí a vuestra madre. Puedes mirar mil horas de vídeo y no aprender nada, es decir, rendimiento cero. Pero si te centras en emisiones más breves, la manera de escuchar es muy diferente. Yo creo que se podrían ver los capítulos una primera vez para pasarlo bien y después elegir una escena y escucharla las veces que haga falta para entender todo. Te fijarás en las palabras que no acabas de comprender bien y esto ayudará a la comprensión oral. Aparte de eso y entrando en un apartado más específico, a mis alumnos de Derecho les pongo en clase Suits, que trata del mundo de la abogacía".










'FRIENDS' Y 'LOS SIMPSON' SON LAS FAVORITAS


La academia internacional Kaplan publicó en 2012 una encuesta sobre qué ayudaba a los estudiantes a la hora de aprender inglés. Un 82% aseguró que ver series les fue muy útil. De ese porcentaje, un 26% eligió Friends como la mejor. En segundo lugar, aunque a mucha distancia, quedaron Los Simpson con un 8%. En la lista también aparecían Cómo conocí a vuestra madre , CSI , Padre de familia , House, Big Ban Theory y Gossip Girl . En el mismo estudio, un 79% señaló que las películas también constituían una gran ayuda. En este caso, la ganadora fue Harry Potter , con un 24%. Compartió podio con Titanic , con un 11% y Toy Story , de la que un 7% de los encuestados aseguró que le había resultado de utilidad.
Annie B Sweet, cantante y compositora. "Ante todo he de decir que lo que más recomiendo es hablar. Si tengo que elegir, me inclino por Mad Men o Fargo. Creo que la primera tiene un vocabulario sencillo pero también usa léxico más especializado que se puede entender, como es el léxico de una agencia de publicidad. Ambas son norteamericanas. No sé por qué pero creo que se entiende mejor ese acento y a mí siempre me han dicho que mi forma de hablar en inglés se asemeja más a la de Estados Unidos. También voy a nombrar una inglesa, diría Little Britain, que también es fácil de entender, y al ser una comedia se hace más llevadero".
Celestino Deleyto, catedrático de Filología Inglesa de la Universidad de Zaragoza. "Mi consejo es que vean Curb your Enthusiasm. Fue creada y protagonizada por Larry David, creador de Seinfeld. La serie tiene un humor típicamente judío neoyorquino, aunque la acción tiene lugar en Los Ángeles en el mundillo de Hollywood. Para el aprendizaje del inglés está bien porque los personajes hablan bastante despacio y utilizan un vocabulario coloquial pero bastante rico, y, además, parte del humor radica en la utilización de modas lingüísticas. Outnumbered también está bien para este propósito. Es más reciente aunque con un formato y sentido del humor más tradicional de sitcom británica. Versa sobre las vicisitudes de una familia londinense de clase media. Los personajes hablan con un acento británico muy reconocible, propio del sur de Inglaterra. Hablan más deprisa y utilizan una forma de hablar muy contemporánea sin ser afectada, tanto los padres como los hijos. Tan buena para practicar el inglés como para aprender sobre la cultura cotidiana del Reino Unido a través del lenguaje.

Por su parte, este bloguero recomienda la espléndida serie de ciencia-ficcion Sense8, escrita y dirigida por las hermanas Wachowski y emitida por Netflix, una historia global de ocho ciudadanos anónimos que se ven conectados mental, sensual y espiritualmente desde distintos lugares del planeta, un alarde visual con una puesta en escena deslumbrante. Recomendable verla subtitulada en inglés:



Synopsis: One gunshot, one death, one moment out of time that irrevocably links eight minds in disparate parts of the world, putting them in each other's lives, in each other's secrets, in each other's minds, putting them in terrible danger. Ordinary people suddenly reborn as "Sensates."

Monday, December 26, 2016

GEORGE MICHAEL FOR EVER.

Thank you, George, for all the music, all the dancing and all the freedom you gave us. Will always miss you, babe. 

Thursday, December 22, 2016

Translating El Roto

WE HAVE ELECTED A WOLF TO WATCH OVER US
THEY ARE ALL LIES, BUT THEY ARE FREE!

UPPER CLASS FOOTBALL IS A FINANCIAL INSTRUMENT


WE ARE TAKING URGENT MEASURES AGAINST POLLUTION: DO NOT BREATHE!

Wednesday, December 14, 2016

Por qué a los españoles se nos da mal el inglés

Aparte de por la ruptura de la continuidad en el proceso de aprendizaje de una lengua extranjera, provocada por un irracional calendario de fiestas locales que interrumpe la docencia, y por la repetida falta de asistencia a clases presenciales (donde "entrenar" la lengua y aprender, por ejemplo, a hacer transformaciones sintácticas), hay otras explicaciones de por qué a los españoles se les da mal el inglés. Por FERNANDO GALVÁN

Como cada año, miles de españoles aprovechan el verano para someterse a cursos intensivos y/o realizar estancias en el extranjero con el objetivo de aprender inglés. Resulta lógico: el inglés es hoy incuestionablemente la lengua de comunicación internacional. Se supone que cualquier persona con una cultura media la conoce, igual que conoce el correo electrónico o Internet. Y es muy llamativo que el número de hablantes de inglés como segunda lengua sea ya superior al de los que la tienen como lengua materna. A mitad del siglo XX, el 9% de los habitantes del planeta tenían como lengua materna el inglés, un porcentaje que, según las estimaciones, se reducirá al 5% en 2050. Sin embargo, mientras que hacia 1950 unos 250 millones de personas hablaban inglés como segunda lengua, para el año 2050 esta cantidad se habrá multiplicado por cinco, hasta alcanzar los 1.250 millones de personas; un dato muy revelador de la evolución del inglés en todo el mundo.

Que el inglés sea la lengua dominante en los territorios que fueron parte de su poderoso imperio colonial no puede sorprendernos, pues así ha ocurrido con otras lenguas en el pasado (el griego, el latín o nuestra propia lengua española). Pero que, además, se haya convertido en un idioma utilizado comúnmente en ciertos países europeos, como los nórdicos, en los que Reino Unido nunca ha ejercido ningún poder político, resulta ya más sorprendente. Cada día son más los centros de enseñanza superior, dentro y fuera de Europa, que emplean el inglés, especialmente para sus estudios de posgrado. Llama la atención que prestigiosas universidades del ámbito germánico, o de Europa oriental, hayan renunciado al alemán -lengua de la ciencia y de la filosofía desde el siglo XIX- para plegarse a la dominación del inglés, de modo que la docencia en muchos de esos estudios se imparte en ese idioma.

En España está empezando a ocurrir lo mismo, al menos en unas pocas universidades, pero la sensación generalizada que tienen los españoles es de no estar a la altura de otros europeos, universitarios o no, e incluso de ciertas élites culturales latinoamericanas. ¿Por qué nos cuesta tanto hablar inglés? ¿Es que hay entre los españoles algún gen reacio a esa lengua? Naturalmente, la respuesta ha de ser negativa. No hay nada orgánico, ni étnico, en el hecho de que el porcentaje de españoles capaz de comunicarse fluidamente en inglés sea muy inferior al de la población nórdica, la germánica o incluso la de algunos países eslavos. Los motivos son de tipo cultural, educativo y, evidentemente, también lingüísticos.

Comencemos por estos últimos. El español, y nuestras otras lenguas románicas (a las que habría que añadir también el vasco), no pertenecen a la familia lingüística del inglés, que es el grupo de lenguas germánicas. Es obvio que resulta mucho más fácil para un español aprender gallego, catalán, italiano o francés que sueco, alemán, o inglés. La gramática y, sobre todo, el vocabulario suelen ser muy parecidos entre las lenguas de una misma familia.

Pero esta explicación nos vale solo en parte. ¿Por qué nuestros vecinos portugueses hablan mejor inglés que los españoles? Uno de los motivos es de índole lingüística, y tiene que ver con los diferentes sistemas vocálicos del castellano y del portugués, lo que explica también que, tratándose de dos lenguas cercanas (y mutuamente inteligibles en su expresión escrita), ofrezcan tantas dificultades para su mutua comprensión oral, al menos para los hispanohablantes.

Los diferentes sonidos vocálicos del portugués suponen una barrera inicial para los hablantes de español, que armados con nuestro sencillo sistema de cinco vocales, nos sorprendemos ante la diversidad lusa. Por eso, la dificultad que experimentamos los hispanohablantes cuando nos enfrentamos al aprendizaje del sistema de 12 vocales del inglés es superada con facilidad por los portugueses. Si uno está acostumbrado a que en su lengua materna una "a" no siempre suena igual, poco le costará adaptar el oído (y la pronunciación) a un sistema que, aunque distinto, se basa en la diferenciación no entre cinco sino entre más del doble de vocales. En cambio, los españoles luchamos denodadamente durante décadas por distinguir entre ship y sheep, entre latter y letter, entre cut, cot y caught, etcétera.

Otra explicación se halla en el entorno socio-cultural en el que nos movemos, y sobre todo, en los medios audiovisuales que nos rodean. Es un hecho demostrado que una lengua se aprende más fácilmente si existe un entorno propicio en el que los sujetos están "expuestos" a la lengua en una gama variada y múltiple de circunstancias. No basta con las horas que dediquemos a aprender el idioma en el aula. ¿Acaso los estudiantes españoles no dedican, en las fases obligatorias de la enseñanza, un elevado número de años, a razón de un promedio de tres horas semanales, a estudiar inglés? ¿Cómo es posible que, después de tantas horas dedicadas al estudio, muchos de nuestros jóvenes sean incapaces de entender y de comunicarse en este idioma en situaciones de la vida cotidiana? Pues bien, el hecho importante es que, salvo en casos excepcionales o muy restringidos, la mayoría de nuestra población no está sometida al inglés hablado en casi ninguna circunstancia. Cuando el estudiante sale del aula, acaba su exposición oral al idioma. No lo escucha en la radio, ni en la televisión, ni en el cine.

Y no es que la cultura audiovisual norteamericana no nos haya "invadido" en medida similar a nuestro vecino Portugal o al resto del continente europeo. Pero ocurre que en otros países no se doblan las series de televisión norteamericanas y las películas se exhiben en los cines en versión original con subtítulos. En España, sin embargo, el franquismo impuso el doblaje a todos los productos audiovisuales foráneos, lo que facilitaba la censura y permitía la "hispanización" y uniformidad lingüística de las voces y los acentos extranjeros. Los estudiantes polacos o suecos, portugueses u holandeses, están acostumbrados, desde su más temprana edad, a la exposición oral al inglés. Acaban su jornada escolar y, al conectar en casa sus televisores para ver sus dibujos animados o sus series favoritas, buena parte de ese material les llega en inglés. Así, casi sin darse cuenta, siguen aprendiendo fuera del aula, y para ellos el inglés ya no es una asignatura más del currículum, sino que forma parte de su entorno vital extra-escolar. Para utilizar una terminología en boga, podríamos decir que el inglés se convierte así en materia "transversal", que se aprende mientras se está haciendo otra cosa.

El entorno educativo es también esencial para el aprendizaje de una lengua extranjera; y es cierto que el acceso de los españoles al inglés data de menos de medio siglo, pues hasta los años setenta del siglo XX su implantación en nuestros centros escolares era muy reducida. No era tan fácil, en los años sesenta, encontrar institutos de enseñanza media donde se enseñara inglés. Si no teníamos hasta hace poco suficientes profesores bien preparados para enseñar esta lengua; si no empezábamos a enseñar inglés a los niños hasta después de los 10 años, ¿cómo podemos esperar igualar el nivel de competencia lingüística de otros países europeos?

Hoy, por fortuna, los programas de enseñanza bilingüe en las escuelas de Infantil y Primaria, y su extensión a la Enseñanza Secundaria, hacen concebir esperanzas de que dentro de unos años la capacitación de nuestros adolescentes sea bien distinta de la actual. Pero, al mismo tiempo, hay que mejorar también los niveles de exposición social y cultural al inglés en los medios de comunicación, y fomentar la gradual internacionalización de nuestras universidades, internacionalización que implica inexorablemente la mayor presencia del inglés y, por ende, la mejora en nuestra capacidad de entender y hacernos entender en este idioma. (El País, 19 de julio de 2010)

Fernando Galván es catedrático de Filología Inglesa y rector de la Universidad de Alcalá.

Monday, December 05, 2016

Síndrome de inmunodeficiencia social

La posverdad ha sido facilitada por las nuevas técnicas de comunicación. Me parece sintomático el uso que se hace de la palabra 'viralidad' en las redes. Por JOSÉ ANTONIO MARINA

Las sociedades tienen sus propias patologías. El fanatismo y la violencia, por ejemplo. Hace años, describí una enfermedad social apenas atendida. La denominé síndrome de inmunodeficiencia social. La inmunodeficiencia está bien estudiada en individuos: un organismo pierde su capacidad para defenderse contra un agente patógeno. Su sistema inmunitario deja de funcionar. Una sociedad puede también perder esa capacidad y volverse incapaz de aislar, combatir, neutralizar o expulsar los elementos dañinos. Sospecho que España padece esta enfermedad. Es la razón por la que no somos capaces de combatir la corrupción. 

Hoy quiero tratar otra manifestación de esa enfermedad que ha adquirido una virulencia especial en muchos países: la tolerancia a la mentira. Oxford Dictionaries ha elegido el término 'post-truth', posverdad, como palabra del año. Aunque existe desde hace dos décadas, ha saltado a la fama en los últimos meses. En lo que a mí respecta, por sendos artículos en 'Harvard Gazette' (julio de 2016), 'The New York Times' (agosto) y 'The Economist' (septiembre). Luego vinieron muchos más. La posverdad se define como "situación en que las emociones y creencias personales influyen más en la formación de la opinión pública que los hechos objetivos”. Mala definición si pretende definir un fenómeno nuevo, porque ese ha sido un sempiterno mecanismo de manipulación política o publicitaria. Lo nuevo es que una falsedad continúa siendo aceptada a sabiendas de que es una falsedad, y se toman decisiones basándose en ella, porque no se considera importante que lo sea. Sucedió en el Brexit y ha vuelto a suceder con Trump. Según 'PolitiFact', alrededor del 70% de las afirmaciones sobre hechos de Donald Trump eran falsas. Da igual. Christopher Robichaud, de la Harvard Kennedy School, sostiene que es cierto que Trump miente, pero que en la era de la política posverdad tal cosa no parece criticable. "Sería como criticar a un actor por decir cosas falsas”.

Se trata, pues, de una devaluación de la verdad y, paralelamente, de una devaluación de la falsedad y de la mentira. Como todos los fenómenos sociales, este tiene un larga historia, que contaré telegráficamente. El siglo XX mostró que todos los regímenes dictatoriales y todos los fanatismos defienden verdades absolutas. Se pensó que el antídoto era el pensamiento débil y un educado relativismo, menos belicoso que la pretensión de verdad. Todas las opiniones se volvieron igualmente respetables. Frente al monoteísmo de la verdad, el politeísmo de las opiniones. En los medios de comunicación se hizo cada vez más difícil distinguir entre 'hechos' y 'opinión sobre los hechos'. Incluso se piensa que los hechos no existen, solo existen las interpretaciones de los mismos. La palabra 'post-factual' es sinónima de 'post-truth'. Los expertos dicen, con un cinismo realista, que, si uno tiene el suficiente dinero, puede contratar a una agencia que le busque hechos que apoyen su idea, sea cual sea. Y, por supuesto, también puede contratar un filtro que solo le proporcione las noticias que corroboren sus prejuicios.

La posverdad ha sido facilitada por las nuevas técnicas de comunicación. Las patologías sociales se expanden como un virus. Me parece sintomático el uso que se hace de la palabra 'viralidad' en las redes. Por eso ha surgido la polémica, incluso dentro de Facebook. Según 'The New York Times', altos responsables de la compañía han discutido sobre la posible responsabilidad de Facebook en el triunfo de Trump, y la necesidad de trabajar para combatir la desinformación. Pero Zuckerberg ha recordado que esta red social no es una agencia de noticias ni un medio de información social, y que no pueden convertirse en guardianes de la verdad. Es una mera red social. Sin embargo, según el informe Pew, el 62% de los americanos recibe noticias a través de estas plataformas. Neerzan Zimmerman, que trabajó en 'Gawker' como especialista en “tráfico rápido de historias virales” (el nombre de su profesión ya es significativo), afirma: “Hoy día no es importante que la historia sea real. Lo único importante es que la gente haga clic sobre ella. Los hechos están superados. Es una reliquia de la edad de la prensa escrita, cuando los lectores no podían elegir. Ahora, si una persona no comparte una noticia, no hay noticia”. 

La tolerancia al engaño es una de las manifestaciones del síndrome de inmunodeficiencia social del que les estoy hablando. Se están intentando vacunas, como el 'fact checking', que comprueba los datos ofrecidos por los políticos. Han aparecido el FactCheck.org, PoliticFacts, The Fact Checker, en EEUU, Channel4Fact Check, Fact Check Central y FullFact en el reino Unido, 'El objetivo' de Ana Pastor en España, 'Les Decodeurs' en Francia, e iniciativas más limitadas, como el blog 'BILDblog' en Alemania, que verificaba los artículos del diario 'Bild'. Los grandes periódicos ya realizaban esta función con otro nombre. Por ejemplo, 'Der Spiegel' mantenía un equipo de 70 personas dedicado a verificar hechos, lo que supone un elevado coste económico. El 'Reporter’s Lab' de la Universidad de Duke recoge información sobre estas iniciativas. A pesar de su auge, por el momento, la vacuna no funciona porque el influjo de la posverdad es demasiado fuerte. Donald Trump ha calificado al 'fact-check' de “out-of-touch” y “elitist media-type thing” , es decir, algo desconectado de la realidad y elitista, y Michael Gove, uno de los políticos que más apoyaron el Brexit, afirmó que los expertos son un peligro, lo que suponía desacreditar el conocimiento.

La única solución que se me ocurre es defender una filosofía que crea en la verdad, lo que en este momento no es tan fácil de encontrar. Sin embargo, es posible. El síndrome de inmunodeficiencia social es un prueba más de que necesitamos reivindicar la filosofía —que trata del método para separar la verdad de la falsedad— como servicio público. 

Postdata. Cuando el artículo ya está escrito, leo un reciente discurso de Michael Higgins, presidente de Irlanda, diciendo que el mejor antídoto contra la posverdad es introducir la filosofía en las escuelas. ¡Bienvenido al club! (El Confidencial, 22.11.2016)

Saturday, November 19, 2016

Video: US tourists ask Madrileños to translate a homophobic note

A US gay couple asks Madrid passers-by to translate a homophobic note. The film is part of gay rights group’s awareness campaign encouraging people to report hate crimes.



A gay couple from the United States makes a reservation online to stay at a hostel in Madrid. When they ask for directions on how to reach it, they receive a message in Spanish from the owner and, not speaking a word of the language, ask for help translating it from passers-by. The note is filled with homophobic insults, including a threat to punch them in the face if they even think about kissing each other inside the hostel.

The spontaneous reactions of the people reading out the note to them are recorded in an English-language, Spanish-subtitled video produced by Spain’s State Federation of Lesbian, Gays Transsexuals and Bisexuals (FELGTB) for its new awareness campaign, Con la voz bien alta (With a loud voice).

Two actors were hired to play the couple, but the reactions of the passers-by were genuine. 
The aim of the campaign is to remind people that they have the right to file a police complaint against anyone who threatens, insults or physically assaults someone because of their sexual orientation. According to the group, 38 percent of the LGBT community in Spain has been a victim of some kind of assault, but only 10 percent report such incidents to police.

FELGTB wants the new campaign to educate people about the hate crimes that many suffer because of their sexual orientation and also to pressure the government into passing a law against what it has labeled “LGBT-phobia.”




Thursday, November 17, 2016

'Post-truth' named word of the year by the Oxford Dictionary

US election and EU referendum drive popularity of adjective describing situation ‘in which objective facts are less influential than appeals to emotion’


In the era of Donald Trump and Brexit, Oxford Dictionaries has declared “post-truth” to be its international word of the year.

Defined by the dictionary as an adjective “relating to or denoting circumstances in which objective facts are less influential in shaping public opinion than appeals to emotion and personal belief”, editors said that use of the term “post-truth” had increased by around 2,000% in 2016 compared to last year. The spike in usage, it said, is “in the context of the EU referendum in the United Kingdom and the presidential election in the United States”.

Oxford Dictionaries’s word of the year is intended to “reflect the passing year in language”, with post-truth following the controversial choice last year of the “face with tears of joy” emoji. 

Contenders for the title had included the noun “alt-right”, shortened from the fuller form “alternative right” and defined as “an ideological grouping associated with extreme conservative or reactionary viewpoints, characterised by a rejection of mainstream politics and by the use of online media to disseminate deliberately controversial content”.


But the increase in usage of post-truth saw the term eventually emerge ahead of the pack. “We first saw the frequency really spike this year in June with buzz over the Brexit vote and Donald Trump securing the Republican presidential nomination. Given that usage of the term hasn’t shown any signs of slowing down, I wouldn’t be surprised if post-truth becomes one of the defining words of our time,” predicted Oxford Dictionaries president Casper Grathwohl. 
(The Guardian, November 15, 2016)