Showing posts with label leer. Show all posts
Showing posts with label leer. Show all posts

Friday, July 19, 2024

B.O.O.K.




Introducing B.O.O.K., the new Bio-Optic Organized Knowledge device.

B.O.O.K is a revolutionary break-through in technology: no wires, no electric circuits, no batteries, nothing to be connected or switched on. It's so easy to use, even a child can operate it. Compact and portable, it can be used anywhere, even sitting in an armchair by the fire; yet it is powerful enough to hold as much information as a CD-ROM disc.

Here's how it works: B.O.O.K. is constructed of sequentially-numbered sheets of paper (recyclable), each capable of holding thousands of bits of information. The pages are locked together with a custom-fit device called a binder which keeps the sheets in their correct sequence. Opaque Paper Technology (OPT) allows manufacturers to use both sides of the sheet, doubling the information density and cutting costs. Experts are divided on the prospects for further increases in information density; for now, B.O.O.K.s with more information simply use more pages. Each sheet is scanned optically, registering information directly into your brain. A flick of the finger takes you to the next sheet.

B.O.O.K. may be taken up at any time and used merely by opening it. B.O.O.K. never crashes or requires rebooting, though, like other devices, it can become damaged if coffee is spilled on it and it becomes unusable if dropped too many times on a hard surface. The "browse" feature allows you to move instantly to any sheet, and move forward or backward as you wish. Many come with an "index" feature, which pinpoints the exact location of any selected information for instant retrieval.

An optional "B.O.O.K.mark" accessory allows you to open B.O.O.K. to the exact place you left it in a previous session -- even if the BOOK has been closed. B.o.o.k.marks fit universal design standards; thus, a single bookmark can be used in B.O.O.K.s by various manufacturers. Conversely, numerous B.O.O.K.markers can be used in a single B.O.O.K. if the user wants to store numerous views at once. The number is limited only by the number of pages in the B.O.O.K. You can also make personal notes next to B.O.O.K. text entries with optional programming tools, like Portable Erasable Nib Cryptic Intercommunication Language Styli (P.E.N.C.I.L.S.).

Portable, durable, and affordable, B.O.O.K. is being hailed as a precursor of a new entertainment wave. B.O.O.K.'s appeal seems so certain that thousands of content creators have committed to the platform and investors are reportedly flocking to invest. Look for a flood of new titles soon.

+ El libro, dice Umberto Eco, es como la rueda: una vez inventado no se puede hacer nada mejor. Cada 23 de abril, cuando se conmemora el Día del Libro, hace regresar la polémica sobre la agonía de este producto, a punto de ser arrojado al basurero de la historia, según sus enemigos.

En una obra reciente (Nadie acabará con los libros), Eco y J. C. Carrière conversan sobre ese asunto y se preguntan por los efectos de la rápida caducidad de los nuevos soportes (vídeo, cedé, DVD). Esa caducidad impide ver lo que compramos hace 10 años con los reproductores actuales, en contraste con la facilidad con que la continuidad del soporte libro permite leer uno escrito hace siglos.

Circula por la red este vídeo descacharrante sobre la última novedad en materia de lectura, un producto caracterizado por no necesitar cables, circuitos ni baterías, utilizable en cualquier lugar, que puede ser escaneado ópticamente para ser registrado directamente por el cerebro, y cuyo nombre es B.O.O.K.

Puede ser una fantasía de nostálgicos, pero es cierto que las cerillas hubieran sido consideradas un gran adelanto de haberse inventado después, y no antes, que los mecheros. Además, también se auguró el fin de la pintura con la fotografía, el del teatro con el cine, y el del cine con la televisión; y fallaron las casandras. Por lo demás, incluso si el libro de papel desapareciera, seguirían siendo necesarios los escritores, lo cual es una garantía de continuidad. Como advirtió Bertolt Brecht a los generales, sus bombarderos necesitan hombres que los piloten. No existen máquinas capaces de escribir libros digitales.


Artículo relacionado: Quiero leer en papel

Thursday, April 23, 2020

FELIZ DÍA DEL LIBRO / HAPPY BOOK DAY

23 de abril según Forges

LET OTHERS INVENT READ! OR RATHER, DONT EVEN READ!
THAT'S WHAT THEY WISHED. BOOKS ARE THEIR WORST ENEMY, NO DOUBT ABOUT IT.

Monday, February 12, 2018

Leer hoy en día


Carlos García Gual ocupa el sillón J de la Real Academia Española. Escritor, catedrático y traductor, convirtió la literatura y el mundo clásico en su pasión. Pero el título que le atribuyen sin discusión quienes le conocen y lo han leído es el de sabio. Asegura que la lectura es la manera de escapar de “la prisión del presente”. Ahora los alumnos leen muy poco. Fuera de lo que es obligatorio, no saben nada. Pasan mucho tiempo dedicados al móvil y no les queda casi nada para leer Soy sobre todo lector y todo lo que he escrito tiene que ver más con mis lecturas y menos con mis experiencias personales. Para mí, leer es entrar en un mundo de horizontes casi diría que infinitos. Y donde hay figuras dramáticas y situaciones y épocas que son mucho más interesantes que mi propio contexto. Quien no lee está limitado a sus circunstancias más próximas: los vecinos, la tele, los juegos. Para mí, la lectura es como un campo de ­correrías. (José Andrés Rojo, EPS 12.02.18)

Friday, January 05, 2018

Percebes o lechugas o taburetes

Por JAVIER MARÍAS
El titular no podía ser más triste para quienes pasamos ratos magníficos en esos establecimientos: “Cada día cierran dos librerías en España”. El reportaje de Winston Manrique incrementaba la desolación: en 2014 se abrieron 226, pero se cerraron 912, sobre todo de pequeño y mediano tamaño. Las ventas han descendido un 18% en tres años, pasándose de una facturación global de 870 millones a una de 707. La primera reacción, optimista por necesidad, es pensar que bueno, que quizá la gente compra los libros en las grandes superficies, o en formato electrónico, aunque aquí ya sabemos que los españoles son adictos a la piratería, es decir, al robo. Nadie que piratee contenidos culturales debería tener derecho a indignarse ni escandalizarse por el latrocinio a gran escala de políticos y empresarios. “¡Chorizos de mierda!”, exclaman muchos individuos al leer o ver las noticias, mientras con un dedo hacen clic para choricear su serie favorita, o una película, o una canción, o una novela. “Quiero leerla sin pagar un céntimo”, se dicen. O a veces ni eso: “Quiero tenerla, aunque no vaya a leerla; quiero tenerla sin soltar una perra: la cultura debería ser gratis”.
Pero el reportaje recordaba otro dato: el 55% no lee nunca o sólo a veces. Y un buen porcentaje de esa gente no buscaba pretextos (“Me falta tiempo”), sino que admitía con desparpajo: “No me gusta o no me interesa”. Alguien a quien no le gusta o no le interesa leer es alguien, por fuerza, a quien le trae sin cuidado saber por qué está en el mundo y por qué diablos hay mundo; por qué hay algo en vez de nada, que sería lo más lógico y sencillo; qué ha pasado en la tierra antes de que él llegara y qué puede pasar tras su desaparición; cómo es que él ha nacido mientras tantos otros no lo hicieron o se malograron antes de poder leer nada; por qué, si vive, ha de morir algún día; qué han creído los hombres que puede haber tras la muerte, si es que hay algo; cómo se formó el universo y por qué la raza humana ha perdurado pese a las guerras, hambrunas y plagas; por qué pensamos, por qué sentimos y somos capaces de analizar y describir esos sentimientos, en vez de limitarnos a experimentarlos.
A ese individuo no le provoca la menor curiosidad que exista el lenguaje y haya alcanzado una precisión y una sutileza tan extraordinarias como para poder nombrarlo todo, desde la pieza más minúscula de un instrumento hasta el más volátil estado de ánimo; tampoco que haya innumerables lenguas en lugar de una sola, común a todos, como sería también lo más lógico y sencillo; no le importa en absoluto la historia, es decir, por qué las cosas y los países son como son y no de otro modo; ni la ciencia, ni los descubrimientos, ni las exploraciones y la infinita variedad del planeta; no le interesa la geografía, ni siquiera saber dónde está cada continente; si es creyente, le trae al fresco enterarse de por qué cree en el dios en que cree, o por qué obedece determinadas leyes y mandamientos, y no otros distintos. Es un primitivo en todos los sentidos de la palabra: acepta estar en el mundo que le ha tocado en suerte como un animal –tipo gallina–, y pasar por la tierra como un leño, sin intentar comprender nada de nada. Come, juega y folla si puede, más o menos es todo.
Tal vez haya hoy muchas personas que crean que cualquier cosa la averiguarán en Internet, que ahí están los datos. Pero “ahí” están equivocados a menudo, y además sólo suele haber eso, datos someros y superficiales. Es en los libros donde los misterios se cuentan, se muestran, se explican en la medida de lo posible, donde uno los ve desarrollarse e iluminarse, se trate de un hallazgo científico, del curso de una batalla o de las especulaciones de las mentes más sabias. Es en ellos donde uno encuentra la prosa y el verso más elevados y perfeccionados, son ellos los que ayudan a comprender, o a vislumbrar lo incomprensible. Son los que permiten vivir lo que está sepultado por siglos, como La caída de Constantinopla 1453 del historiador Steven Runciman, que nos hace seguir con apasionamiento y zozobra unos hechos cuyo final ya conocemos y que además no nos conciernen. Y son los que nos dan a conocer no sólo lo que ha sucedido, sino también lo que no, que con frecuencia se nos aparece como más vívido y verdadero que lo acaecido. Al que no le gusta o interesa leer jamás le llegará la emoción de enfrascarse en El Conde de Montecristo o en Historia de dos ciudades, por mencionar dos obras que no serán las mejores, pero se cuentan entre las más absorbentes desde hace más de siglo y medio. Tampoco sabrá qué pensaron y dijeron Montaigne y Shakespeare, Platón y Proust, Eliot, Rilke y tantos otros. No sentirá ninguna curiosidad por tantos acontecimientos que la provocan en cuanto uno se entera de ellos, como los relatados por Simon Leys en Los náufragos del “Batavia”, allá en el lejanísimo 1629. De hecho ignora que casi todo resulta interesante y aun hipnotizante, cuando se sumerge uno en las páginas afortunadas. Es sorprendente –y también muy deprimente– que un 55% de nuestros compatriotas estén dispuestos a pasar por la vida como si fueran percebes; o quizá ni eso: una lechuga; o ni siquiera: un taburete. (EPS, 27.03.15)

Sunday, April 23, 2017

Medio pan y un libro

Medio pan y un libro, por Federico García Lorca

Discurso íntegro pronunciado por el poeta Federico Garcia Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), en septiembre de 1931.

Federico e Isabel García Lorca (Granada, 1914)
Queridos paisanos y amigos:
Antes que nada yo debo deciros que no hablo sino que leo. Y no hablo, porque lo mismo que le pasaba a Galdós y en general, a todos los poetas y escritores nos pasa, estamos acostumbrados a decir las cosas pronto y de una manera exacta, y parece que la oratoria es un género en el cual las ideas se diluyen tanto que sólo queda una música agradable, pero lo demás se lo lleva el viento.
Siempre todas mis conferencias son leídas, lo cual indica mucho más trabajo que hablar, pero al fin y al cabo, la expresión es mucho más duradera porque queda escrita y mucho más firme puesto que puede servir de enseñanza a las gentes que no oyen o no están presentes aquí.
Tengo un deber de gratitud con este hermoso pueblo donde nací y donde transcurrió mi dichosa niñez por el inmerecido homenaje de que he sido objeto al dar mi nombre a la antigua calle de la iglesia. Todos podéis creer que os lo agradezco de corazón, y que yo cuando en Madrid o en otro sitio me preguntan el lugar de mi nacimiento, en encuestas periodísticas o en cualquier parte, yo digo que nací en Fuente Vaqueros para que la gloria o la fama que haya de caer en mí caiga también sobre este simpatiquísimo, sobre este modernísimo, sobre este jugoso y liberal pueblo de la Fuente. Y sabed todos que yo inmediatamente hago su elogio como poeta y como hijo de él, porque en toda la vega de Granada, y no es pasión, no hay otro pueblo más hermoso, ni más rico, ni con más capacidad emotiva que este pueblecito. No quiero ofender a ninguno de los bellos pueblos de la vega de Granada, pero yo tengo ojos en la cara y la suficiente inteligencia para decir el elogio de mi pueblo natal.
Está edificado sobre el agua. Por todas partes cantan las acequias y crecen los altos chopos donde el viento hace sonar sus músicas suaves en el verano. En su corazón tiene una fuente que mana sin cesar y por encima de sus tejados asoman las montañas azules de la vega, pero lejanas, apartadas, como si no quisieran que sus rocas llegaran aquí donde una tierra muelle y riquísima hace florecer toda clase de frutos.
El carácter de sus habitantes es característico entre los pueblos limítrofes. Un muchacho de Fuente Vaqueros se reconoce entre mil. Allí le veréis garboso, con el sombrero echado hacia atrás, dando manotazos y ágil en la conversación y en la elegancia. Pero será el primero, en un grupo de forasteros, en admitir una idea moderna o en secundar un movimiento noble.
Una muchacha de la Fuente la conoceréis entre mil por su sentido de la gracia, por su viveza, por su afán de elegancia y superación.
Y es que los habitantes de este pueblo tienen sentimientos artísticos nativos bien palpables en las personas que han nacido de él. Sentimiento artístico y sentido de la alegría que es tanto como decir sentido de la vida.
Muchas veces he observado, que al entrar en este pueblo hay como un clamor, un estremecimiento que mana de la parte más íntima de él. Un clamor, un ritmo, que es afán social y comprensión humana. Yo he recorrido cientos y cientos de pueblecitos como éste, y he podido estudiar en ellos una melancolía que nace no solamente de la pobreza, sino también de la desesperanza y de la incultura. Los pueblos que viven solamente apegados a la tierra tienen únicamente un sentimiento terrible de la muerte sin que haya nada que eleve hacia días claros de risa y auténtica paz social.
Fuente Vaqueros tiene ganado eso. Aquí hay un anhelo de alegría o sea de progreso o sea de vida. Y por lo tanto afán artístico, amor a la belleza y a la cultura.
Federico García Lorca entre 1915-1917
Yo he visto a muchos hombres de otros campos volver del trabajo a sus hogares, y llenos de cansancio, se han sentado quietos, como estatuas, a esperar otro día y otro y otro, con el mismo ritmo, sin que por su alma cruce un anhelo de saber. Hombres esclavos de la muerte sin haber vislumbrado siquiera las luces y la hermosura a que llega el espíritu humano. Porque en el mundo no hay más que vida y muerte y existen millones de hombres que hablan, viven, miran, comen, pero están muertos. Más muertos que las piedras y más muertos que los verdaderos muertos que duermen su sueño bajo la tierra, porque tienen el alma muerta. Muerta como un molino que no muele, muerta porque no tiene amor, ni un germen de idea, ni una fe, ni un ansia de liberación, imprescindible en todos los hombres para poderse llamar así. Es éste uno de los programas, queridos amigos míos, que más me preocupan en el presente momento.
Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. “Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre”, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social… (Resto del discurso en este enlace.)

Tuesday, January 31, 2017

Lo que la escuela enseña la televisión lo destruye

En opinión del escritor Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948), la televisión y las nuevas tecnologías están en la trinchera opuesta a la enseñanza: “Es un fenómeno que yo viví a pie de obra. Cuando empecé a dar clase, en 1978, había mucha paz en los institutos, pero la enseñanza se ha ido deteriorando. Ahora la lectura tiene tanta competencia... ¿cómo va a hacer nadie el esfuerzo de leer? No sabemos cómo serán de mayores los nativos digitales que crecen con Internet y al que dedican mucho tiempo, tiempo que no van a dedicar a la lectura. ¿Cómo le vas a decir a un niño que coma legumbres cuando puede comer chuches? Porque el WhatsApp y las redes sociales son chuches, juguetes, las chuches de la información. No cuestan ningún trabajo. Sin embargo, formarte culturalmente requiere un plan y un esfuerzo, lleva un tiempo”.

También para hablar del contenido de la educación recurre Landero a su experiencia a pie de obra. Todo cambió, dice, cuando llegaron a la tele los reality shows: “A los niños los educan los colegios, pero también la sociedad. Yo recuerdo muy bien cuándo aparecieron los reality shows. A partir de entonces empezaron a cambiar los referentes de los alumnos, que pasaron a ser el consumo, el dinero fácil, la fiesta continua, la fama. Hoy, lo que la escuela enseña la televisión lo niega, lo escarnece y lo destruye. Sociedad y escuela ya no forman un todo”.

Wednesday, June 01, 2016

Leer hoy en día es un acto de rebeldía

Víctor del Árbol, ganador del Premio Nadal 2016 por su novela La víspera de casi todo, ha reconocido que este galardón ha sido "un honor y una mayor responsabilidad" y ha dicho a los jóvenes que "leer hoy en día supone militar en la rebeldía".
Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) presentó anoche en Ceuta su novela en la Feria del Libro, donde dejó constancia de que "uno no puede llamarse ciudadano libre si no es capaz de entender el mundo y pensar por sí mismo y la literatura o la lectura siempre te da argumentos para construir tu personalidad de forma individual", según ha dicho en una entrevista con Efe.
El escritor ha revelado que la concesión del premio supuso la "consecución de una forma de entender la vida" y de demostrarse que "es posible", porque siempre ha admirado "a la gente que pelea por sus sueños y conseguir el Nadal era uno de esos sueños".
"Cuando lo ves lejos lo ves imposible pero ahora que lo tienes te da alegría y te incentiva, pero te das cuenta que hay que seguir trabajando y luchar. Estás detrás de Miguel Delibes, de María Matutes, de Carmen Laforet... eso significa que lo que estás haciendo tiene sentido y, sobre todo, que formas parte de ese elenco de escritores que han escrito la historia de la literatura contemporánea española", comenta.
El novelista hace una reflexión del momento actual de la literatura española: "En contra del pesimismo que parece que pulula en el ambiente, yo soy muy optimista porque tengo la suerte de participar en muchos encuentros con escritores, participo en muchas discusiones y veo que todavía somos una sociedad con mucho que decir, hay escritores muy buenos, se está haciendo un relevo generacional muy importante y sólo hace falta llegar a los lectores".
En su opinión, hay que acercarse a los jóvenes y "eso se consigue convenciéndoles de que la literatura no es sólo un entretenimiento sino una necesidad para que ellos se formen como personas".
Primer español en conseguir el Premio Polar Europeo de novela negra, en 2012, no se pone metas. "Después de diez años voy de historia en historia, cuando me pongo a escribir no pienso en premios o en vender más o menos sino que pienso en lo que quiero contar y ser mejor escritor. Mi meta es ser el mejor escritor que pueda ser", dice.
El escritor tiene una reflexión para los políticos. "Esto no es cuestión ni de izquierda ni de derecha, sólo les diría que la cultura en general no es un subproducto ni tampoco un producto de ocio sino un bien esencial de la sociedad. Cuando apuestas por la literatura no puedes esperar un beneficio inmediato sino que inviertes en la mejora de una sociedad", opina.
Por ello, ha lamentado que "lo que no puede ser es que no haya política de fomento a la lectura, apoyos a las bibliotecas, que no se fomente la lectura en los institutos ... porque la cultura no se puede entender de un modo partidista sino como parte del corpus de formación de una sociedad".
"Me hice escritor en una biblioteca -señala- y participar en encuentros literarios en estos lugares es demostrar que las bibliotecas siguen vivas porque una biblioteca no es sólo un almacén de libros sino un sitio que genera cultura, actividad y lectura".
Rafael Peña, Agencia EFE

Monday, November 23, 2015

The Happiness of Reading_survey

In celebration of its ten-year anniversary last October, the editorial group GeMS presented at Bookcity Milan a significant new research study conducted by Cesmer/Roma3 University on a sample of the Italian population, and centered on the relationship between reading books and individual happiness.  The study shows that readers are on average happier than non-readers, in addition to being better at making the most of their free time, and more psychologically prepared for confronting negative emotions. Through scientific research, the study adds a concrete dimension to this cultural discussion.



BACKGROUND 
Are people who read books (either on paper or digitally) happier than those who don’t read? Does reading increase one’s well-being? These are not easy questions, so much so that no study in Italy until now has tried to answer them. In fact, the periodic surveys on reading tend to leave out these aspects, focusing above all on the number of readers in Italy – which is historically lower than in most western countries – and on its different variations. Meanwhile, the value of reading on a cognitive and emotional level has gone unknown, until today. This study wants to fill the gap, following the belief that reading could be better promoted among non-readers if its benefits were quantified. 

PRINCIPAL RESULTS OF THE STUDY 

1. Readers in Italy are overall happier than non-readers

  • The happiness of readers rates higher than that of non-readers (measured using the 1 to 10 scale suggested by Veenhoven). In fact, Italian readers of printed or digital books register a happiness index of 7.44, while non.readers had an index of 7.21, a statistically significant difference. 
  • Using a different measurement, known as Subjective Well-being – cognitive dimension, (the Cantril scale, from 0 to 10), Italian readers once again averaged a higher level of well-being than non-readers (7.12 vs. 6.29 respectively, still statistically significant). 
2. Readers in Italy feel positive emotions more often than non-readers 
According to the scale of Diener and Biswas-Diener, which measures how frequently (from 6 to 30) people experience six positive emotions (positive, good, pleasant, happy, joyful, contented) readers have a higher index than non-readers: 21.69 vs. 20.93 respectively (a statistically significant difference). In particular, readers feel “positive” more frequently than non-readers. 

3. Readers in Italy feel negative emotions less often than non-readers 
Readers also fared better on another dimension of the same scale by Diener and Biswas-Diener. This part measures how frequently (from 6 to 30) people recently experienced six negative emotions (negative, bad, unpleasant, sad, afraid, angry). Readers feel negative emotions less frequently than non-readers, with an average score of 16.48, while non-readers have an average of 17.47 (a statistically significant difference). In particular, readers experience anger less often than non-readers, confirming that reading offers valuable cognitive tools for facing difficult situations. 

4. Readers are more satisfied with how they use their free time compared to non-readers 
Following the scale of Van Boven and Gilovich (2003), which measures the happiness generated from people’s employment of their free time (from 1 to 9), readers score higher than non-readers (7.59 vs. 7.35 respectively, a statistically significant difference). 

5. For readers in Italy, reading is the most important use of their free time

  • The survey studied reading’s importance in relation to the other cultural activities that people perform in their free time. 
  • Reading is the most important free time activity for Italian readers (on a scale from 1 to 9, it rates at 7.88); in second place ranks listening to music (7.31); in third, staying informed and keeping up with current events through newspapers and news sites (7.23); and in fourth, physical exercise and sports (7.02). At the bottom of the list ranks playing videogames (3.23). 

6. For readers in Italy, reading comes fourth among free-time activities for the amount of happiness gained 
While reading, as was just noted, is considered the most important free time activity for readers, it is not first in terms of the notion of generated happiness. On the 1 to 9 scale developed by Van Boven and Gilovich, readers ranked physical exercise and sports first (7.80), followed by listening to music (7.74) and cultural activities and outings (exhibitions, theater, concerts…), which had a score of 7.52. In fourth place, and still with a high score, comes reading (7.24), followed by informing oneself through newspapers and news sites, playing videogames, going to the movies, and surfing the internet or using social media. At the bottom of the list ranks watching TV.  

These are not surprising results: the survey confirms the ability of readers to appreciate their free time, taking advantage of it in manifold ways. 

CONCLUSION 
On average, readers in Italy face life with a more positive outlook in comparison to non-readers, and they know how to enjoy their free time in a richer and more purposeful manner. 



Sunday, May 31, 2015

Celebración de la lectura y elogio de la lentitud

Por JOSE ANDRÉS ROJO
Tienen razón todos los que se lamentan. El negocio del libro no va bien. Cada vez resulta más difícil agotar las tiradas de las ediciones, y eso que se han reducido considerablemente. En estos tiempos de penurias económicas, además, no está entre las prioridades de nadie acercarse a una librería para gastar unos euros en esos cachivaches de papel que, para tantos, forman ya parte del pasado. También está lo de la piratería y la competencia desleal de las nuevas tecnologías. Más cosas: ¿quién tiene tiempo hoy para zambullirse en una novela o para liarse en los vericuetos de un ensayo o para andarse con un montón de versos que tratan de vanos amoríos o del desastre de vivir? Claro que hay razones para lamentarse. Alguna más: ¿qué pinta un libro si con el móvil se puede recorrer el mundo en un instante, recibir la mejor información, acceder a los análisis más sesudos, encargar las mejores viandas o establecer vínculos con las damas y los caballeros más competentes, guapos e inteligentes?
(…) George Steiner, unos de los maestros de la crítica literaria, se ocupó en su ensayo Pasión intacta de una obra de Chardin, el fínísimo artista francés del siglo XVIII, en la que retrata a un filósofo leyendo. Paso a paso, va reflexionando sobre cada uno de los elementos que aparecen en el cuadro e intenta de ese modo explicar lo que significa la honda felicidad de leer. Es verdad que se refiere a un filósofo y, por tanto, a alguien familiarizado de sobra con los libros.
Sea como sea, hay un detalle que hoy resulta particularmente significativo. Steiner llama la atención sobre lo bien vestido que va el personaje del cuadro y observa que, cuando Chardin pintaba, la lectura se entendía como “un encuentro cortés”. Una oportunidad que no podía dejarse al azar, por tanto, y a la que convenía presentarse de manera impecable. Luego entra en otras consideraciones y apunta que, para Chardin, leer “es un acto silencioso y solitario”.
Y es verdad. Con demasiada frecuencia se pretende disfrazar el acto de leer con la fórmula que pueda estar más de moda: el entretenimiento, el suspense, la utilidad, la excitación, cualquier suerte de refinamiento especial. Pero al final de todo, leer no es más que eso: apartarse del ruido y entrar en otro mundo habitado por palabras. Siempre toca hacerlo solo y con tiempo, eligiendo la lentitud frente a la velocidad de nuestras circuntancias.
Merece la pena. Ese “acto silencioso y solitario” está tan lleno de riquezas y placeres que quizá tenían razón aquellos antiguos cuando se esforzaban en arreglarse para vivir un momento tan especial. (El País, 30 de mayo de 2015)

Sunday, April 26, 2015

Homo digitalis


Por RAFAEL BACHILLER

El 23 de abril de 2005, Jawed Karim subió a la Red su vídeo'Yo en el zoo' creando así el servidor YouTube que fue pronto calificado por la revista Time como invento del año. En marzo de 2006, Jack Dorsey envió el primer tuit con la tecnología creada por él mismo dando lugar a la red social Twitter, y en septiembre de ese mismo año, Facebook, una red que estaba siendo utilizada por estudiantes norteamericanos, pasó a tener acceso libre convirtiéndose rápidamente en la red social por excelencia. Twitter tiene hoy 600 millones de usuarios y Facebook unos 1.500 millones. En cuanto a YouTube, cuenta actualmente con más de mil millones de usuarios, alberga cientos de millones de películas y está disponible en 61 idiomas diferentes en 75 países. De esta manera se completan hoy 10 años durante los que la actividad de los internautas ha experimentado un vertiginoso desarrollo.
"Los humanos que habitamos actualmente este pequeño planeta somos los últimos 'Homo sapiens'"
Esta eclosión de la conectividad, esta nueva manera de relacionarse y de tratar la información, ha llevado a considerar a algunos pensadores, entre los que se encuentra el periodista Román Cendoyaautor del libro 'rEvolución: del Homo sapiens al Homo digitalis', que los humanos que habitamos actualmente este pequeño planeta somos los últimos Homo sapiens pues estamos siendo sustituidos por una nueva especie del género homo: el 'Homo digitalis'.
Una primera característica de este hipotético 'Homo digitalis' es el vivir en un entorno en el que las pantallas son ubicuas. Los teléfonos inteligentes, tabletas y ordenadores invaden su vida diaria induciéndole a nuevos comportamientos. Todo está al alcance de un clic. La respuesta a cualquier pregunta se obtiene instantáneamente gracias sobre todo al buscador Google y a la Wikipedia. En particular,esta colosal construcción enciclopédica ha hecho realidad el sueño de Jorge Luis Borges en su visionario relato 'Tlön, Ubqar, Orbis Tertius'. En esta fascinante narración, una magna enciclopedia en construcción permanente describe todos los pormenores del planeta Tlön, y tan solo un ejemplar de su Onceno Tomo es ya suficiente para dar innumerables pistas de ese imaginario mundo completamente ordenado. Libros, música, cine, y toda la cultura, son accesibles hoy rapidísimamente gracias a las empresas que operan en internet y que baten un récord de distribución cada día que pasa o, simplemente, nos proporcionan nuestros objetos de deseo en formato electrónico instantáneamente. Sin ninguna duda la inmediatez sería una de las principales características del 'Homo digitalis'.
Internet extiende su conectividad entre las personas para incluir también dispositivos que pueden ser controlados o manipulados a través de la Red, se trata del denominado internet de las cosas. Naturalmente los científicos podemos utilizar telescopios y otras grandes instalaciones experimentales desde distancias remotas, y en la producción industrial es posible controlar muchos procesos de fabricación a través de la Red. Nadie se sorprende hoy de que un médico pueda acceder a la información del 'holter' de su paciente o pueda contribuir a la realización de una operación quirúrgica sin desplazarse de su despacho. En un ámbito más cercano, el 'Homo digitalis' puede controlar la calefacción, la iluminación e incluso las persianas de su vivienda mediante una rápida conexión desde el remoto lugar en que pasa sus vacaciones.
"Su participación en las redes permiten al 'Homo digitalis' reconstruir su yo"
Este supuesto 'Homo digitalis' amplía su identidad desde su acotada realidad próxima a un espacio virtual ilimitado. Su participación en las redes sociales y en los múltiples foros de la Red le permiten reconstruir su yo, dotarlo de nuevas facetas reales o inventadas, difundiéndose así por nuevos ámbitos y comunidades, fragmentándose en nuevas identidades. Mediante participaciones en sus páginas de Facebook, en los foros, en los blogs, todo el mundo puede llegar a tener sus 15 minutos de gloria, haciendo cierto el pronóstico de Andy Warhol.
Pero todo este diluvio de información, su inmediatez y la fragmentación de la identidad también hacen del 'Homo digitalis' un ser enfermo. Los mensajes electrónicos continuos, los tuits, las notificaciones por Facebook, hacen que el nuevo hombre se vea obligado a permanecer en un estado de alerta permanente, un estado de sobreexcitación que se presta a desarrollar comportamientos adictivos y trastornos de tipo obsesivo-compulsivo. Basten como ejemplo las personas que no pueden resistir una sesión de cine, una obra de teatro, un concierto, o incluso un oficio religioso, sin consultar su teléfono móvil.
La ingente información que invade la vida moderna también propicia que se preste una atención deficiente a los innumerables artículos, entradas de blogs, piezas musicales, vídeos de YouTube, que los internautas comparten entre sí, esperando una reacción inmediata. Aunque el acceso a la información, a la cultura y a las opiniones sea hoy tan fácil e inmediato, la lectura de artículos y libros, el disfrute de las piezas artísticas o culturales es a menudo muy superficial pues el 'Homo digitalis' no dispone del tiempo indispensable para procesar toda la información que recibe, y mucho menos para reflexionar sobre ella, no extrae conclusiones propias, ni utiliza todos esos elementos de información para crear composiciones realmente nuevas.
El presunto 'Homo digitalis' también enferma al renunciar a su intimidad, al verse conducido a compartir sus fotografías y experiencias con millares de amigos buscando su 'me gusta'. Este nuevo hombre, permanentemente expuesto, se ve abocado a maquillar sus experiencias, idealizando sus viajes y sus vacaciones, a exhibir sus pequeños triunfos, disimulando sus fracasos. Debe enviar mensajes interesantes continuamente, aunque estén constreñidos a los 140 caracteres de un tuit o a una simple imagen en la red social Instagram. Se ve obligado así, en resumidas cuentas, a crear un espectáculo extraordinario con su vida ordinaria.
Aunque la hiperconexión ofrezca oportunidades fantásticas, en ocasiones la tecnología también se interpone en las relaciones personales. ¿Quién no ha visto en un restaurante a cada miembro de una pareja consultar ensimismado su teléfono inteligente mientras espera entre plato y plato de una cena romántica? Las pantallas y videoconsolas son bolas de cristal que encierran a muchos jóvenes y a otros no tan jóvenes. Se estima que el 8% de los norteamericanos de entre 8 y 18 años de edad son adictos a los videojuegos; en Corea y otros países asiáticos la adicción a estos videojuegos y a internet se considera una especie de epidemia. A menudo la tecnología levanta barreras entre próximos y propicia actitudes emocionales y sociales de gran precariedad. Todos estoscomportamientos patológicos permiten augurar que los movimientos de crítica y resistencia a internet vayan en aumento en un futuro más o menos próximo. Además, no sería extraño que haya ciudadanos que prefieran disfrutar de una sub red del actual internet, en que los contenidos estén contrastados y sean más fiables, las búsquedas más precisas, la información más selecta.
Las ventajas que ofrecen una conectividad rápida y las relaciones sociales amplísimas por internet son innegables. El potencial de la colaboración laboral a nivel global es enorme y creo que nadie duda hoy de que está contribuyendo a dar saltos de gigante en los desarrollos científicos y tecnológicos. Incluso para las relaciones privadas la posibilidad de acceder a pequeñas comunidades afines y a las páginas personales de almas gemelas ofrece oportunidades sin precedentes para la amistad y el amor. Pero muchos de nosotros estaremos de acuerdo en que el trato y el contacto personal, el uso de la palabra, el lenguaje, la mirada, los gestos de expresión corporal, la calidez de los besos y los abrazos, aún tienen una importancia capital.
A los comportamientos patológicos propiciados por internet, a los movimientos de resistencia que cabe augurar, y a la necesidad aún existente hoy del contacto personal, debemos sumar el hecho de queel acceso a la Red dista mucho de ser universal, pues hay un gran sector de la humanidad que no dispone de ordenador o de conexiones.
Cuando tengo en cuenta todos los factores aquí expuestos me veo obligado a concluir que, a pesar de que nos encontramos en una era de cambios vertiginosos, aún estamos lejos de la transformación del 'Homo sapiens', y que hoy por hoy el 'Homo digitalis' no es más que una entelequia virtual.
Rafael Bachiller es astrónomo, director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN) y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO. El Mundo, 23 de abril de 2015

Wednesday, April 15, 2015

Medio pan y un libro

Por FEDERICO GARCÍA LORCA

Alocución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada) en septiembre de 1931 al inaugurar la biblioteca municipal.

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle,  no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios  sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.


Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

Monday, March 07, 2011

Triumph of the City. How Our Greatest Invention Makes Us Richer, Smarter, Greener, Healthier and Happier

Esplendor de las ciudades

ANTONIO MUÑOZ MOLINA, Babelia 05/03/2011

Qué invento asombroso, la ciudad. La ciudad grande, la ciudad viva, la ciudad en la que buscan y encuentran trabajo los emigrantes pobres y asilo los fugitivos, la ciudad en la que uno disfruta tan plenamente de la soledad como de la compañía, a la que sueñan con irse los sometidos al tedio y a la extenuación del trabajo campesino, los que desean aprender y ejercer oficios fantasiosos, en la que podrán escapar de la vigilancia escrutadora de sus semejantes los que mantienen oculta su diferencia; la ciudad ciudad, donde a cualquier hora del día y a veces de la noche hay gente por la calle y locales abiertos; o en la que un sistema eficiente de transporte público permite viajar hasta sus últimos confines en líneas de autobuses o en redes de metro en las que nunca falta el misterio del encuentro con los desconocidos, el del viaje por laberintos de corredores y escaleras. En Nueva York o en Madrid salgo de casa e inmediatamente me sumerjo en el gran río de la vida, que arrastra igual el esplendor que la basura, como el río Hudson arrastra y mece con idéntica magnanimidad troncos que flotan entre dos aguas con algo de caimanes, gansos circunspectos, hojas del último otoño, latas de cerveza, condones expandidos hasta tamaños improbables después de una larga estancia en las aguas. La computadora, el coche, la casa confinada en una urbanización, aíslan del mundo, o lo ofrecen con una docilidad engañosa al capricho: compras online exactamente lo que te apetecía en este momento; muestras tu preferencia por una opción política o una película o una perversión; no corres el menor peligro de encontrarte con algo o con alguien que no formaran parte de tus preferencias más específicas.

En la ciudad, nada más pisar la calle, comienza el aprendizaje de lo inesperado. La estética de la ciudad es el collage y la enumeración caótica. Salí esta mañana de domingo a comprar hortalizas, queso, leche y fruta en el mercado de los granjeros que instalan cada semana sus tenderetes a lo largo de la acera de la Universidad de Columbia y por el camino encontré por sorpresa, en diversos puestos callejeros, una hucha de porcelana policromada que es un jovial marinero de los años treinta con su petate al hombro, un disco de Lena Horne, una edición de segunda mano de las tragedias de Eurípides. Un poco más allá de los cajones donde los granjeros venden patatas o manzanas o zanahorias y nabos y remolachas que todavía huelen a tierra olorosa brilla al sol un edificio magnífico de Rafael Moneo destinado a laboratorios, chocante en este paisaje de arquitecturas sólidas y venerables y a la vez sutilmente vinculado con ellas. Casi a la puerta del club Smoke me crucé con un contrabajista que iría a tocar durante las horas del brunch. Un hombre llevaba de la mano a su hijo de siete u ocho años que aprendía a mantener el equilibrio sobre unos patines. Un emigrante mexicano tal vez ilegal atendía el puesto de flores de una frutería coreana. En un banco a la puerta de un pub irlandés unos bebedores con aire de solvente veteranía aprovechaban el sol y la calidez inesperada del aire para demorarse fumando sus cigarrillos antes de volver a la penumbra interior. El neón rosa de la Juanito's Barber Shop brillaba débilmente en la claridad del mediodía. En un breve tramo de acera se sucedían una tienda de colchones, el taller de un zapatero remendón, un concesionario de teléfonos móviles, una ferretería regentada por hoscos barbudos paquistaníes o afganos, una panadería que se llama Silver Moon y desde la que se expande por la acera un olor alimenticio de panes y bollos y cafés, una papelería en la que me apeteció de pronto comprar cuadernos y rotuladores. En menos de un kilómetro puedo atravesar las más diversas latitudes de las cocinas populares del mundo: comida india, comida china, comida japonesa, comida italiana, comida mexicana, tailandesa, comida chinoperuana exquisita y barata. En la planta de arriba del restaurante Mamá México, que los domingos acoge a grandes familias charladoras y comilonas amenizadas por mariachis, hay un centro de acupuntura, yoga y taichí.

En cualquier gran ciudad es posible una caminata equivalente, un despliegue de expectativas que no parecen tan valiosas y tan singulares como son porque ya estamos acostumbrados a ellas. La ciudad también tiene atascos de tráfico, polución, hacinamiento, pobreza, contrastes obscenos entre la marginalidad y el privilegio. Tan abundante como la literatura que retrata y celebra las ciudades es la que se dedica a denigrarlas. En la ciudad está la corrupción de cualquier inocencia, el ruido que vuelve insoportable la vida, el aislamiento, el anonimato, el delito. El júbilo indiscriminado de Walt Whitman tiene su reverso en la vindicación pastoral de Miguel Hernández, o de Fray Luis de León, o del mismo Lorca, que disfrutó en Nueva York mucho más de lo que dejó traslucir en sus poemas sobre la ciudad. La beatitud ecologista parece exigir casas aisladas en el campo, pueblos pequeños en los que el aire está más limpio y los alimentos todavía saben cómo tienen que saber.

Junto a los ventanales del café del nuevo edificio de Moneo miro el tráfico de la calle y el desfile plural de la gente por la acera y leo un libro que me hace más consciente de la complejidad y el valor de lo que estoy viviendo: Triumph of the City, de Edward Glaeser, un economista de Harvard que ha adquirido su erudición leyendo al parecer todo lo que se ha escrito sobre todas las ciudades y paseando por todas ellas, por Nueva York y Mumbai, por París, por Barcelona, por Kinsasha, por Detroit. Glaeser dice que la ciudad es la más importante creación humana: que fomenta la inventiva, el talento individual, la tolerancia, la prosperidad, la cooperación. Las ciudades no hacen pobre a la gente: atraen a gente pobre que quiere dejar de serlo. Las grandes ciudades son más respetuosas con el medio ambiente que las célebres arcadias ecologistas, porque la gente tiende a moverse por ellas caminando o en transportes públicos: los habitantes de Nueva York gastan como media un 40% menos de energía que los de las zonas residenciales o rurales del país. La ingeniería necesaria para suministrar agua saludable a las ciudades y retirar de ellas la basura es una proeza épica contada por Edmund Glaeser. Vivir entre la densa población de una ciudad es más seguro que hacerlo en una casa aislada en el campo. También, estadísticamente, es más saludable. Para no convertirse en boutiques monumentales en las que solo puedan habitar los ricos y los turistas las ciudades históricas necesitan renovarse con inteligencia y audacia y levantar edificios altos con una oferta de vivienda suficiente para que los precios no sean abusivos. A pesar de la pobreza y la violencia la esperanza de vida es más alta en una favela de Río de Janeiro que en los pueblos del interior del país. Leer a Edward Glaeser le da a uno el mismo ímpetu para caminar y fijarse en todo que las Hojas de hierba de Whitman o el Fervor de Buenos Aires de Borges.

Triumph of the City. How Our Greatest Invention Makes Us Richer, Smarter, Greener, Healthier and Happier. Edward Glaeser. The Penguin Press, 2011.

Wednesday, July 02, 2008

El móvil_microrrelato

JUAN JOSÉ MILLÁS

El tipo que desayunaba a mi lado en el bar olvidó un teléfono móvil debajo de la barra. Corrí tras él, pero cuando alcancé la calle había desaparecido. Di un par de vueltas con el aparato en la mano por los alrededores y finalmente lo guardé en el bolsillo y me metí en el autobús. A la altura de Cartagena comenzó a sonar. Por mi gusto no habría descolgado, pero la gente me miraba, así que lo saqué con naturalidad y atendí la llamada. Una voz de mujer, al otro lado, preguntó: “¿Dónde estás?”. “En el autobús”, dije. “¿En el autobús? ¿Y qué haces en el autobús?”. “Voy a la oficina”. La mujer se echó a llorar como si le hubiera dicho algo horrible, y colgó.

Guardé el aparato en el bolsillo de la chaqueta y perdí la mirada en el vacío. A la altura de María de Molina con Velázquez volvió a sonar. Era de nuevo la mujer. Aún lloraba. “Seguirás en el autobús, ¿no?”, dijo con voz incrédula. “Sí”, respondí. Imaginé que me hablaba desde una cama con las sábanas negras, de seda, y que ella vestía un camisón blanco con encajes. Al enjugarse las lágrimas, se deslizó el tirante del hombro derecho y yo me excité mucho sin que nadie se diera cuenta. Una mujer tosió a mi lado. “¿Con quién estás?”, preguntó angustiada. “Con nadie”, dije. “¿Y esa tos?”. “Es de una pasajera del autobús”. Tras unos segundos, añadió con voz firme: “Me voy a suicidar; si no me das alguna esperanza me mato ahora mismo”. Miré a mi alrededor; todo el mundo estaba pendiente de mí, así que no sabía qué hacer. “Te quiero”, dije y colgué.


Dos calles más allá sonó otra vez. “¿Eres tú el imbécil que anda jugando con mi móvil?”, preguntó una voz masculina. “Sí”, dije tragando saliva. “¿Y piensas devolvérmelo?”. “No”, respondí. Al poco nos dejaron sin línea, pero yo lo llevo siempre en el bolsillo por si ella volviera a telefonear.
El País (13/10/1995)